La participación de las mujeres en las carreras STEM ha avanzado, pero las cifras aún muestran una brecha. El desafío está en construir desde edades tempranas la confianza y las oportunidades para que más niñas y jóvenes puedan imaginarse como científicas, ingenieras y líderes tecnológicas.

Durante muchos años vinculada a la educación he podido comprobar algo que hoy considero fundamental: el talento necesita oportunidades, pero también confianza. Y cuando hablamos de mujeres en ciencia y tecnología, construir esa confianza desde edades tempranas continúa siendo uno de nuestros grandes desafíos.

En el Perú, la matrícula en ocho de cada diez grupos de carreras STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— sigue siendo principalmente masculina (SUNEDU, 2022). Según la OCDE, solo el 38 % de los títulos en estas disciplinas fue otorgado a mujeres en 2021.

Detrás de estas cifras existen factores históricos, culturales y educativos que debemos seguir transformando. Durante demasiado tiempo, determinadas profesiones fueron presentadas, consciente o inconscientemente, como espacios predominantemente masculinos. Esos estereotipos importan porque pueden influir en una decisión vocacional mucho antes de que una joven llegue a una universidad.

Afortunadamente, esa historia está cambiando.

Hoy vemos ingenieras participando en grandes proyectos de infraestructura, científicas desarrollando investigaciones para mejorar nuestra salud y proteger el medio ambiente, especialistas liderando procesos de transformación digital y profesionales trabajando en inteligencia artificial, datos, innovación y sostenibilidad.

No se trata únicamente de ocupar espacios. Se trata de aportar nuevas perspectivas y, desde ellas, transformar esos espacios.

En nuestro país tenemos referentes importantes. Fiorella Escalante ha construido una destacada trayectoria en transformación digital, inteligencia artificial, innovación y gestión tecnológica. Fabiola León-Velarde ha dedicado buena parte de su vida profesional a la investigación científica y al estudio de la adaptación del organismo humano a la altura, con importantes implicancias para la salud de las poblaciones andinas.

Como ellas, muchas otras mujeres están demostrando diariamente que la innovación no tiene género. Entre 2013 y 2025, 1627 proyectos financiados por ProCiencia fueron liderados por mujeres, equivalentes al 35 % del total. Todavía no es suficiente, pero es una señal de avance.

Creo, sin embargo, que debemos aspirar a algo más que mejorar las estadísticas.

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Necesitamos construir ecosistemas en los que una niña interesada en matemáticas, una joven que descubre la programación o una estudiante que quiere investigar en inteligencia artificial no se pregunte primero si ese mundo es para ella. Que simplemente pueda imaginarse allí.

Esa es una responsabilidad que compartimos las familias, las instituciones educativas, las empresas y la sociedad. Y aquí quiero permitirme una reflexión muy personal. Pienso en Emilie y Maia, y en todas las niñas que están creciendo hoy. Quiero que sepan que el mundo también es suyo, que no existen sueños demasiado grandes y que, con educación, confianza y perseverancia, todo es posible. Que nunca permitan que alguien les diga hasta dónde pueden llegar. Si quieren alcanzar las estrellas, que sepan que también pueden hacerlo.

Desde las universidades tenemos una oportunidad extraordinaria: formar profesionales y, al mismo tiempo, ayudar a que cada estudiante descubra sus capacidades, desarrolle la confianza para expresarlas y encuentre espacios donde sus ideas sean escuchadas.

El liderazgo femenino tiene un poderoso efecto multiplicador. Cuando una mujer llega a una posición desde la cual puede tomar decisiones, investigar, innovar o dirigir equipos, no solo avanza ella. También hace visible una posibilidad para quienes vienen detrás.

El Perú necesita más científicos, ingenieros, investigadores, especialistas en tecnología y profesionales capaces de responder a desafíos cada vez más complejos. Para conseguirlo, no podemos permitirnos prescindir del talento de la mitad de nuestra sociedad.

El futuro de la ciencia y la tecnología necesita innovación y conocimiento. Pero necesita también diversidad, confianza y oportunidades.

Y quizá una de las expresiones más valiosas del liderazgo sea precisamente esa: llegar a un lugar y ayudar a que muchas más puedan llegar después.