El Estado y las empresas están desarrollando proyectos de innovación social. ¿En qué problemas están enfocados? ¿Cuáles deberían liderar la agenda? ¿Cómo maximizar los esfuerzos?

En 2021, un macromural y 16 micromurales sobre la vida cotidiana del barrio limeño de Leticia —en el cerro San Cristóbal— fueron pintados en una alianza colaborativa entre un colectivo artístico y una empresa de pintura. Tras esta intervención, la percepción de seguridad local se incrementó de 34% a 50%. En 2019, una marca de diseño sostenible se alió al Instituto Nacional Penitenciario (INPE) y capacitó a seis internas en una cárcel de mujeres. Hoy 38 internas cuentan con destrezas técnicas de bordado y costura, además de habilidades blandas, y producen prendas de exportación. 

¿Qué tienen en común estas dos historias? Son casos de innovación social, el primero impulsado por el laboratorio de innovación social Aporta, del Grupo Breca; y el segundo, por la marca Estrafalario, y hablan de cómo se lleva a cabo esta transformación de largo aliento en el Perú. ¿Qué es la innovación social? Al respecto, Luis Salazar, director de la Maestría en Emprendimiento y Gestión de la Innovación de la Escuela de Posgrado de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), explica que la innovación —en todos los casos— parte por identificar problemas y buscarles solución. Sin embargo, aclara, lo que define a la innovación “social” es que las personas —hacia las que está dirigida la solución— deben “encontrar un valor en ella” y, por ende, adoptarla. 

Le puede interesar: Inversión I+D: una receta estratégica para las multilatinas peruanas

En el Perú, existen diferentes espacios en los que se hace innovación social, tanto en el sector público como en el privado. En el Estado, por ejemplo, existe MineduLab, que fue creado en 2014 dentro del Ministerio de Educación para fortalecer las decisiones de política educativa. Según informó a Forbes el laboratorio, actualmente desarrollan su cuarta “ventana de innovación”, en la que evalúan herramientas como campañas informativas, incentivos no monetarios para docentes, herramientas pedagógicas virtuales y habilidades sociales y herramientas de tutorías para reducir brechas de género. El laboratorio cuenta con un presupuesto asignado de entre S/ 300.000 a S/ 400.000 y ha recibido el apoyo ad honorem de investigadores de prestigiosas universidades locales y extranjeras, como la Universidad del Pacífico, Oxford, Columbia y el Massachusetts Institute of Technology (MIT).

Otros espacios estatales son Ayni Lab Social, en el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS); y MinsaLab, del Ministerio de Salud. El primero busca desarrollar soluciones tecnológicas e innovaciones en procesos sociales para los programas Cuna Más, Foncodes, Juntos, Pensión 65, Contigo, Qali Warma y País. En tanto, el segundo promueve la formulación e implementación de intervenciones innovadoras que apalanquen la Política Nacional Multisectorial de Salud al 2030. 

En el sector privado, estos rincones existen en empresas de todos los tamaños, más o menos institucionalizados. En el caso de las corporaciones, quizá los más conocidos son el ya mencionado Aporta del Grupo Breca e Inspira Perú, de Intercorp Retail.

En el caso de Aporta, esta organización está ejecutando unos 10 proyectos de innovación social en simultáneo en el país, en línea con la estrategia de sostenibilidad del grupo. Tiene dos objetivos centrales: potenciar el progreso de la cadena de valor y cuidar el medio ambiente. Como parte del primero, Ivo Saona, director general de Aporta, cuenta que en 2020 lanzaron el proyecto “Volar” (una app con contenido educativo para padres y cuidadores, para impulsar el desarrollo infantil en niños y niñas de 0 a 5 años). Empezaron en dos comunidades del área de influencia de la empresa minera Minsur y ahora lo están implementando en 35 escuelas de la costa sur, centro y norte del país junto a la pesquera del grupo, TASA. Añade que también ha sido aprovechado por el programa social Cuna Más. “Para 2024 vamos a llegar a 25.000 [niños y niñas] y para el 2030 nuestra meta es 270.000 en la zona de influencia de las empresas del grupo”, señala Saone. Para definir si una innovación es viable, el laboratorio calcula el retorno social de la inversión y busca que los proyectos se vuelvan autosostenibles. “El privado tiene recursos finitos para incidir. En la medida que sea eficiente, nos permite luego replicar este tipo de iniciativas en otras industrias. Es importante el involucramiento de las comunidades”, dice.

No se pierda: Nuestra revista | Forbes Perú presenta una edición enfocada en el ecosistema de startups y la innovación

Creado en 2017, Inspira Perú tiene como misión articular las empresas de Intercorp Retail y sus comunidades. Entre los programas del laboratorio de innovación social y ambiental, están “Bueno por dentro”, a través del cual recolectan y donan alimentos de los retailers Plaza Vea, Vivanda, Makro, Oslo Logistics, Tiendas Mass y Jork para organizaciones de la sociedad civil; el voluntariado corporativo “Irradia”; y la plataforma de desarrollo de emprendedores “Perú Pasión”, dirigida a micro, pequeñas y medianas empresas que buscan ser proveedoras de la corporación.

También hacen innovación social las llamadas “empresas B”. En el Perú, hay 45 empresas B —de las 6.500 en Latinoamérica—, cuya certificación implica generar y reportar (por ende, medir) resultados no solo económicos, sino también ambientales y sociales, como parte del negocio. “Me atrevería a decir que todas hacen innovación social, pues es uno de los criterios que evaluamos [para otorgar la certificación]”, comenta Mariale Soto, cofundadora y directora ejecutiva de Sistema B Perú. Otro espacio o palanca de innovación social son los programas de responsabilidad social, acota Salazar. “No puede haber un stakeholder [grupo de interés] que esté bien y el resto que esté enfermo. Tiene que haber un crecimiento conjunto”, resalta y menciona el caso de dos agroindustriales de la costa norte que trabajan con la Asociación Pataz y el Hub de Innovación Minera del Perú, que también contempla proyectos sociales.

Foto: Estrafalario

Retos compartidos

Varios desafíos enfrentan los sectores público y privado para acelerar la innovación social. 

En efecto, la lista de problemas identificables es amplia, con denominadores comunes como el cierre de brechas de acceso a servicios públicos básicos, tolerancia cultural y atención de situaciones de violencia familiar. 

En ese sentido, Walter Curioso, vicerrector de Investigación de la Universidad Continental, opina que en el Estado la innovación social debería decantar en los tres niveles de gobierno, local, regional y nacional. 

En el sector empresarial, Soto ve avances. Dice que las empresas han pasado “del por qué hacerlo a cómo lo hago y cuál es la mejor manera de llegar a eso”. Aún así, a su juicio el reto es que el impacto social se vuelva “transversal” a todas. Para ello, dice, se requiere un cambio cultural. 

El mercado puede motivar la transformación, anota Salazar. “Las empresas hoy, si quieren diferenciarse del resto, deben solucionar más problemas”, comenta. 

Además: Tomando conciencia y acción: diez propuestas para fortalecer la sostenibilidad en las empresas de Perú

“El usuario, o cliente, tiene muchas más opciones. Entonces tú [el empresario] debes crear más propuestas: tienes que crear algo más grande que algo funcional”, amplía y repara que la clave para empezar es definir dónde están mejor posicionadas las organizaciones para resolver los problemas. “Tienes que resolver problemas con lo que tienes”, refuerza, sobre los recursos requeridos. 

Saona ve potencial en las alianzas y la innovación social colaborativa, que —resalta— puede ayudar a maximizar los resultados. “Tenemos que conversar más entre los actores [del ecosistema] que hacemos cosas [proyectos de innovación social]. A veces se puede atomizar la cantidad de iniciativas, cuando de repente hay alguna que se puede trabajar en conjunto y es más eficiente también”, reflexiona el ejecutivo. 

En cualquier caso, la idea de fondo de la innovación social parece ser más osada para cualquier organización o emprendedor que desee dar el primer paso: comprarse el problema para darle solución.

Proyecto Arcoíris en el barrio Leticia del Rímac. 

El laboratorio de innovación social del Grupo Breca desarrolló la iniciativa con el colectivo Color Energía y la empresa Qroma en 2021. Entre los resultados, destaca el incremento de la confianza de los vecinos en su barrio tras la intervención, que pasó de 34% a 45%, y la percepción de limpieza de la zona, de 16% a 30%.

Para más noticias de negocios siga a Forbes Perú desde Google News