El impacto ambiental de la inteligencia artificial está en el núcleo de la discusión de las empresas de tecnología. El asunto es controversial y está moldeando el negocio, desde el diseño y construcción de centros de datos. De otro lado, aseguran que la IA podría convertirse en una útil herramienta para combatir el cambio climático y la conservación del planeta.

Desde que fue puesto en las manos de la humanidad en noviembre de 2022, ChatGPT se ha vuelto una fascinación colectiva: un cúmulo de datos que promete acelerar a través de inteligencia artificial generativa la resolución de problemas o, al menos, señalar el camino para hacerlo. Sin embargo, detrás de la euforia que ha desatado el modelo de lenguaje (solo uno de los existentes de uso libre) y esta tecnología sin fronteras sectoria- les ni geográficas, está agitándose —cada vez con más fuerza— un debate no menos controversial: el impacto que la IA está silenciosamente generando en el ambiente.

Es que, según explican las fuentes consultadas para este artículo, ya sea para entrenar modelos logarítmicos que buscan optimizar y hacer más eficientes procesos o para realizar consultas (como las que hacemos a diario cuando dialogamos con la IA), se requieren ingentes cantidades de electricidad, para poner en marcha los procesadores, y de agua, para refrigerarlos.

«Los modelos de IA necesitan grandes capacidades de cómputo y los centros de datos tienen esas capacidades. A mayor exigencia que le demos a un cómputo, va a necesitar más energía, va a calentar más. Entonces, se va a necesitar disipar ese calor a través de distintos medios. El uso de medios para disipar el calor ya no es suficiente con aire o un ventilador. Se necesita agua refrigerante».

Jesús Bellido, decano de la Facultad de Computación de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC)

De acuerdo con un artículo publicado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos la demanda de energía para centros de datos creció de 2.688 megawatts al cierre del 2022 hasta 5.341 MW, “parcialmente” por el uso de IA generativa. Además, en 2022 el consumo de electricidad a nivel global alcanzó los 460 teravatios, según el MIT. “Esto habría convertido a los centros de datos en el undécimo mayor consumidor de electricidad del mundo, entre las naciones de Arabia Saudita (371 teravatios) y Francia (463 teravatios), según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos”, resalta el instituto en el artículo titulado “Explicado: el impacto ambiental de la IA generativa”. En cuanto al consumo de agua, una investigación de la Universidad de Colorado Riverside y la Universidad de Texas Arlington sobre la huella hídrica de la IA concluyó que el modelo de lenguaje GPT-3 de OpenAI “se bebe” una botella de agua de medio litro para brindar de 10 a 50 respuestas de duración media, “dependiendo de cuándo y dónde se implemente”. El artículo va más allá de las cifras de impacto poco conocidas hasta ahora sobre cuánta agua se consume y pierde por la IA y propone una metodología para medir la huella hídrica de esta tecnología.

“La IA representa un salto importante en productividad y eficiencia, pero también conlleva un mayor consumo energético, tanto en el entrenamiento de modelos como en la operación de infraestructuras”.

Juan Manuel Campos, managing director de HP en Perú y Bolivia 

Pero eso no es todo. Otro impacto negativo o externalidad asociada a la IA son los GPU (Graphics Processing Unit, en inglés), conocidos como tarjetas gráficas, que permiten el procesamiento de datos. “La obtención de las materias primas utilizadas para fabricar las GPU también tiene implicaciones ambientales, ya que pueden implicar procedimientos de minería contaminante y el uso de productos químicos tóxicos para su procesamiento”, advierte el MIT en su artículo, a la vez que indica que los tres principales productores de GPU a nivel mundial —NVIDIA, AMD e Intel— pasaron de enviar 2,67 millones de GPU a centros de datos en 2022 a 3,85 millones en 2023, de acuerdo con datos de TechInsights.

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ATENDER EL PROBLEMA

Las compañías de tecnología son cons cientes de los riesgos que representa la IA para el ambiente, pero también de las oportunidades que puede generar para reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera.

Para mitigar el impacto, la mayoría está poniendo foco en el diseño de centros de datos con materiales menos contaminantes (Microsoft busca construirlos con madera híbrida, en reemplazo del acero y el hormigón, según ha informado).

El uso de energías renovables es, asimismo, una prioridad. Por ejemplo, en 2023, AWS anunció que había logrado usar energía limpia en el 100% de sus operaciones a nivel global, siete años antes de lo trazado inicialmente.

En Meta, emplean también energía renovable en la totalidad de sus centros de datos, según detalla la compañía en su sitio web. En tanto, Google anunció la firma de un acuerdo —no exento de polémica— con la startup Kairos Power para comprar energía nuclear para atender la creciente demanda de electricidad de la IA. No es la única corporación que apuesta por este tipo de energía de cara a la carbononeutralidad, un horizonte en el que la mayoría de las tecnológicas —si no todas— están embarcadas.  

“La IA está transformando industrias al mejorar la eficiencia operativa, automatizar procesos y permitir innovaciones en múltiples sectores.Sin embargo, su creciente adopción conlleva un aumento en la demanda de poder computacional, lo que implica un mayor consumo de energía y recursos”.

Gerardo Martínez, director general de AWS para el Norte de América Latina y el Caribe.

En cuanto al consumo de agua, AWS ha hecho pública su intención de ser “positiva en agua” (water positive, en inglés); es decir, devolver al planeta más agua de la que consume en sus operaciones hacia 2030. Hasta fines de 2023, lo habían logrado al 41%.

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En Microsoft, en 2023 ampliaron el uso de “fuentes de agua alternativas”, como agua regenerada y reciclada, en Texas, Washington, California y Singapur, informaron en el reporte de sostenibilidad de dicho año. “Estamos recolectando agua de lluvia para com pensar parcialmente las necesidades de refrigeración y humidificación en nuestros centros de datos de los Países Bajos e Irlanda, y para compensar la humidificación en nuestros centros de datos de Suecia. La recolección de agua de lluvia también forma parte del diseño de nuevos centros de datos en Canadá, Inglaterra, Finlandia, Italia, Sudáfrica y Austria”, detallan en el reporte.

De otro lado, se busca mejorar el uso de IA para reducir las externalidades que genera. Este es el caso de la desarrolladora de software Softtek, que está optimizando las consultas a la IA a partir de la mejora en la formulación y la integración de cada interacción a una base de datos con caché a fin de guardarlas, indica David Soto, director global de oferta y partnerships de la firma. “Repreguntar tiene un impacto ambiental y económico para los clientes, que están reparando cosas que ya están hechas”, dice el ejecutivo y apunta que, gracias a las medidas, han logrado reducir en 30% el número de consultas a la IA.

En AWS, han puesto asimismo foco en el desarrollo de chips de mayor rendimiento para cargas de trabajo con IA, lo que al final del día genera una mayor eficiencia energética. “Creemos que la IA es una herramienta clave para abordar los desafíos ambientales a la velocidad y escala que exige el cambio climático y estamos trabajando para que su impacto sea positivo y sostenible a largo plazo”, dice Gerardo Martínez, director general de AWS para el Norte de América Latina y el Caribe.

¿Qué está pendiente en la carrera por una IA más verde? A propósito, los académicos indican la necesidad de crear una mayor “transparencia ambiental” en cuanto a las métricas de impacto. “No podemos optimizar lo que no se puede medir: la telemetría para rastrear la huella de carbono de las tecnologías de IA debe ser adoptada por la comunidad”, señala el paper “IA sostenible: implicaciones ambientales, desafíos y oportunidades”, publicado en 2022, sobre la IA en Facebook. “Debemos adoptar un enfoque de entrega al desarrollar la investigación y las tecnologías de IA, considerando el impacto ambiental de las innovaciones y adoptando un enfoque responsable en el desarrollo tecnológico. Es decir, necesitamos que la IA sea ecológica y ambientalmente sostenible”, concluye el artículo.

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