La ministra de Trabajo anunció que el Consejo Nacional del Trabajo evaluaría un incremento del salario mínimo a partir de esta semana. Tres economistas analizan los desafíos detrás de la iniciativa.
Perú fue el primer país hispanoamericano en crear el salario mínimo en 1916, recuerdan los economistas Gustavo Yamada y Ernesto Bazán en un paper publicado en 1994, tan solo unos años después de que este mercado experimentara una de las peores hiperinflaciones de su historia.
Hoy, a dos años de que China anunciara la existencia del SARS-COV-2 y en plena tercera ola del virus y recuperación económica, el Perú sería uno de los últimos países de la región en realizar una actualización de la Remuneración Mínima Vital (RMV), cuyo valor es de S/930 desde el 21 de marzo de 2018.
Justamente, a principios de este mes, en una reunión con la prensa, la ministra de Trabajo, Betssy Chávez, anunció que a mediados de enero el Consejo Nacional del Trabajo retomaría el debate del aumento del salario mínimo.
Los desafíos que implica sacar adelante esta propuesta no son menores. Forbes consultó a tres economistas sobre los retos detrás de un eventual incremento del salario mínimo.
Es vital que sea una propuesta técnica
Para el profesor de la Universidad del Pacífico, Pablo Lavado, la discusión en torno al aumento del salario mínimo debería lograr consenso respecto a la metodología idónea para actualizarlo, además de la institución adecuada para aplicarla.
Al respecto, explicó que el Consejo Privado de la Competitividad presentó una propuesta de metodología de umbrales con 4 variables, en cuya elaboración él participó.
«Estamos hablando de variables como el crecimiento de la productividad, el crecimiento de la formalización [laboral], los cambios en [la tasa] de desempleo y el ratio entre el salario mínimo y el salario medio», indicó.
Lea también: Gobierno prolonga medidas que regulan el trabajo remoto hasta el 31 de diciembre de 2022
A juicio de Miguel Jaramillo, investigador principal del think tank Grade, el reto detrás de la propuesta de aumento del salario mínimo es la creación de empleo asalariado.
«Estamos en niveles de empleo asalariado de hace cinco años. Tenemos un retraso de cinco años en el empleo asalariado y de seis, en términos del empleo formal asalariado. No estamos discutiendo cómo aumentar el empleo asalariado y cómo aumentar el empleo formal. Estamos discutiendo aumentos de salario mínimo. Eso te dice mucho de las prioridades del Gobierno», opinó.
Jorge Guillén, profesor asociado de la Escuela de Negocios ESAN, coincide con Jaramillo en la necesidad de crear más puestos de trabajo si se incrementa el salario mínimo. En ese sentido, a su juicio, sería importante impulsar la creación de empleo temporal y enfocarse en la nueva población económicamente activa (PEA). Cabe anotar que las PEA de 14 a 24 años y de 25 a 44 años registraron una variación negativa de 5,8 % y 4,9 % en 2021 respecto a 2019, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
Se debe considerar su impacto
En línea con los aumentos salariales aprobados recientemente en la región, para Lavado es probable que Perú incremente la RMV, justificando la medida y alineándola al alza de la inflación. En 2021, la inflación acumulada fue de 6,43%, la más alta de los últimos 13 años, reportó el INEI. Según anotó, este es uno de los argumentos que alientan la propuesta.
Sin embargo, a su juicio, el impacto de un eventual aumento del salario mínimo en el fortalecimiento del poder adquisitivo de la población sería limitado, pues solo tocaría al 2% de la PEA, estimó.
Le puede interesar: Futuro del trabajo: más creativo que operativo
La medida también tendría un efecto adverso sobre la salud financiera de las pymes y la formalidad laboral, según los economistas.
«Mi hipótesis es que va a frenar la recuperación del empleo formal privado, porque ni siquiera ha estamos llegando a niveles prepandemia», comentó Lavado.
«El efecto [positivo] es muy pequeño. Lo que muestra la evidencia empírica sobre aumentos anteriores es que afecta a algunos pocos. Hay un efecto negativo sobre el empleo, en particular, en el formal, y aumenta el empleo en el sector informal. No veo por qué esto sea diferente ahora», concluyó a su turno Jaramillo.
En ese sentido, para Guillén, cabría demorar la decisión hasta que no haya certidumbre sobre la realidad de las proyecciones macroeconómicas para este año. «[El aumento del salario mínimo] podría ser en el tercer trimestre del presente año y ahí –de acuerdo con el marco macroeconómico y [si] los pronósticos van dentro de lo previsto– se podría ir pensando en un pequeño ajuste», dijo.
Cabe indicar que, en la región, este año se actualizó el salario mínimo en Chile y Uruguay. El año pasado, lo hicieron Paraguay, Bolivia, Argentina, México, Colombia y Ecuador.
Siga todas las noticias de economía y finanzas en Forbes Perú
