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Economía y Finanzas

¿Se convierte China en un freno para la economía mundial?

Tras el giro radical de la política china frente a la covid, una enorme ola de infecciones recorre el país. No solo sufren las numerosas personas desprotegidas, sino también la economía.

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La "gran migración" china comienza a la sombra de COVID
Foto: Efe

Cuando el Banco Mundial habla de “riesgos considerables” al analizar las perspectivas económicas de China, el mensaje ya queda más que claro. Pero cuando los banqueros de Washington recortan sus expectativas de crecimiento para China a solo un 2,7% de crecimiento económico en el año en curso y un 4,3% en el próximo, es más que una señal de alarma. Envía un mensaje inequívoco de que la segunda mayor economía del mundo tiene graves problemas.

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El repentino cambio de rumbo de los dirigentes de Pekín, que han pasado de una dura política de “cero covid” a una eliminación total de casi todas las medidas contra la pandemia, está causando incertidumbre mucho más allá del país. A ello se añade la crisis inmobiliaria que desde hace años sacude el país. En junio, el Banco Mundial todavía preveía un plus del 4,3% para 2022 y un crecimiento del 8,1% para 2023, tasas de crecimiento que, al menos para 2023, se están convirtiendo en una perspectiva lejana.

El curso de la pandemia, en particular, aumenta la preocupación de los analistas financieros de todo el mundo. Todo lo que se consideraba completamente impensable hasta la primera semana de diciembre sucedió: el gobierno chino dejó de hacer pruebas de forma extensiva y permitió que las personas infectadas se aislaran y recuperaran en casa. Incluso se permite ir a trabajar sin síntomas o con síntomas leves.

Crisis en el mercado inmobiliario

En su revisión significativa de las perspectivas económicas, el Banco Mundial señala también la crisis del sector inmobiliario y de la construcción, que representa aproximadamente una cuarta parte de la producción económica china. Tras años de subidas, la venta de inmuebles en muchas ciudades está en retroceso, y toda una serie de promotores inmobiliarios y constructores luchan por sobrevivir. “Las actuales tensiones en el sector inmobiliario podrían tener implicaciones macroeconómicas y financieras más amplias”, advierte el Banco Mundial.

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China se había fijado a principios de año un objetivo de crecimiento en torno al 5,5% para 2022, que desde entonces se ha vuelto inalcanzable. E incluso aunque lo alcanzara, seguiría siendo el menor aumento del PBI en cuatro décadas, aparte del de 2020, el primer año de la pandemia.

Gestión de crisis en las empresas y menos empleo

A esto se añade la elevada tasa de desempleo entre los jóvenes chinos: incluso según las cifras oficiales de la Oficina Nacional de Estadística de China, la tasa de desempleo de los chinos de entre 16 y 24 años había subido hasta casi el 20% en julio de 2022. En noviembre, fue “solo” del 17% según las cifras oficiales, pero las nuevas medidas respecto a la COVID-19 amenazan con nuevas pérdidas de empleo.

Las empresas tienen que hacer frente ahora al repentino cambio de rumbo de los dirigentes de Pekín. Desde alojar a los trabajadores en las fábricas hasta acaparar medicamentos o proporcionar camas y desinfectantes: las fábricas chinas están haciendo todo lo posible para mantener la producción y evitar que se rompan las cadenas de suministro. Con creatividad, las empresas industriales chinas se preparan para la avalancha de casos de la COVID-19.

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Un estudio pinta un escenario negativo

Un estudio de la Universidad de Hong Kong causó revuelo a mediados de diciembre, al advertir de que, sin una campaña de refuerzo eficaz, hasta un millón de personas podrían morir de la COVID-19 debido a la abrupta política de apertura de los dirigentes chinos. Una apertura más lenta a partir de enero, acompañada de más vacunaciones y de un mejor acceso a los medicamentos antivirales, podría reducir el número de muertes en más de una cuarta parte, pronosticaron los investigadores de Hong Kong, dirigidos por el médico Gabriel Leung.

“La experiencia en el resto del mundo es que no se puede detener”, afirma Maximilian Butek, responsable de la Cámara de Comercio Alemana en Shanghái. “Las empresas corren el riesgo de que todos los empleados se infecten y entonces no quede nadie en la fábrica”.

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