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Así proyecta esta agroexportadora peruana crear un imperio global del arándano

Creada hace trece años, Inka’s Berries, la empresa peruana desarrolladora de genética y exportadora de arándanos proyecta este año facturar hasta US$ 30 millones y quintuplicar dicho monto gracias a su expansión internacional en 2026.

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Así proyecta esta agroexportadora peruana crear un imperio global ‘inca’ del arándano

En el mundo, la domesticación del arándano como negocio de escala tiene unos cien años. En el Perú, la historia es más reciente: puede que llegue a 15 desde las charlas que lo promovían con expertos extranjeros como una oportunidad para la canasta de agroexportación.

Con alrededor de 20.000 hectáreas instaladas, hoy es el primer producto de la canasta de agroexportación peruana. Además, nuestro país es el primer exportador global de este superalimento y ocupa el tercer lugar en producción, después de China (que lo consume localmente al cien por cien) y Estados Unidos. De la región, le siguen Chile y México, según datos de la Organización Internacional de Arándanos (IBO, por sus siglas en inglés).

El ingeniero en gestión empresarial Carlos Gereda ha sido testigo del exponencial despegue del negocio, una etapa que él denomina como la ‘fiebre del arándano’. En efecto, con ello, el también director ejecutivo de Inka’s Berries, empresa peruana desarrolladora de genética de arándanos y productora y exportadora del fruto, se refiere a la evolución que ha experimentado la industria: pasó de ser un cultivo de especialidad por el que se pagaba unos US$ 15 por tonelada FOB en ciertas semanas del año a convertirse en un commodity de alrededor de US$ 3 por tonelada FOB durante 7 meses seguidos.

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Foto: Karen Candiotti / Forbes Staff

“Nunca pensamos que se iba a dar tanto esa fiebre del arándano como se ha generado. Eso es bueno para el país, con muchos desafíos. Hoy no son los precios de antes, en lo que se refiere a fruta, con lo cual hay que ser mucho más competitivo. Hay que tener un gran foco en la nueva genética”, comenta Gereda en entrevista con Forbes.

Esa —la apuesta de arranque por la genética desde el Perú— sea quizá la principal distinción como empresa de Inkas’s Berries, que partió hace 13 años con una oficina de dos ambientes en el corazón de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM). De hecho, en ese espacio realizó sus primeras propagaciones (fueron miles) de Biloxy, una variedad rústica en proceso de extinción en el país.

Esta unidad de negocio de la empresa —genetics— opera ahora en Huacho, sobre la costa del Pacífico, a unos 146 kilómetros al norte de la capital peruana. Manteniendo la alianza inicial exclusiva que gestó con la Universidad de Georgia, a la fecha Inka’s Berries ha producido unos 30.000.000 de plantines de arándanos y tiene capacidad para producir 6.000.000 por año. Así, en total, atiende al 80% de los exportadores peruanos de arándanos y, en superficie, cubre alrededor de 7.000 hectáreas (o 30% de la geografía peruana del Berry), señala Gereda.

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En tres años, la meta de la compañía es ganarle un 10% a la creciente competencia de casas genéticas que se han establecido en el país en el ínterin, un reto no contemplado en los albores del negocio de este fruto en Perú.

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Foto: Inka’s Berries

“El negocio de genetics ahora anda a la expectativa de los precios de los mercados. Si bien es cierto que en Perú hay 20.000 hectáreas de arándanos, no todas las compañías pueden hacer un recambio varietal como debería ser por los altos niveles de inversión y, lamentablemente, los precios van siempre para abajo”, sostiene.

Hoy la empresa tiene dos variedades comerciales propias validadas (Salvador y Matias) en Perú y dos por lanzar este mes de diciembre desarrolladas para el paladar asiático (que busca gran dulzor y baja acidez). De hecho, en 2021, Inka’s Berries comenzó la internacionalización de su negocio de genética. Actualmente, cuenta con representaciones exclusivas en Europa, Sudáfrica, Marruecos y Egipto, a través de Genesis Innovation Group (GIG). También posee dichos socios en México, Chile, Estados Unidos, Ecuador, Reino Unido y Namibia.

Según explica Gereda, las variedades de Inka’s Berries ya están a prueba en campo en el exterior, por lo que la compañía espera que, en dos o tres años, la curva de ventas de genetics crezca. Pero el plazo podría acortarse, si el mercado reacciona antes favorablemente, repara Gereda.

Un negocio en expansión

Al disponer de plantines propios, la creación de la unidad de growers (productores, en español) decantó naturalmente en la compañía. De hecho, con 420 hectáreas propias en producción y 290 por plantar, esta otra unidad de negocio complementa la cobertura integral de la empresa en el Perú.

Es que, si bien las ventas de genética son fluctuantes (dependen del recambio varietal) y funcionan como una palanca diferencial del posicionamiento y crecimiento de la firma, el nivel de facturación de ambos negocios puede variar. “Este año deberíamos estar facturando cerca de US$ 25 millones. De US$ 20 millones no deberíamos bajar”, proyecta Gereda sobre los resultados deseados en ventas de exportación. Precisa que prevén cosechar 4.500 TM de arándanos desde las 2.000 TM del año pasado. En genetics, la empresa espera alcanzar los US$ 5 millones en 2022 (esta unidad de negocio generó US$ 2 millones en 2021).

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De allí la relevancia de los campos propios. Justamente, Inka’s Berries ha apostado por ello. En 2015 adquirió el fundo Don Pepe, de 180 hectáreas y ubicado en Huacho. Dicho campo ya lleva cinco campañas de cosecha exportable y la empresa planea ampliarlo en 40 hectáreas más con sus dos nuevas variedades en 2023. Además, la firma posee un terreno de 215 hectáreas en Cayaltí (Lambayeque), las cuales fueron instaladas en enero de este año. Su tercer fundo está en Lunahuaná y cuenta con 25 hectáreas a 450 metros sobre el nivel del mar.

Justamente, la ‘buena’ experiencia en esa zona (el fundo está ubicado en una quebrada) animó a la empresa a invertir en el que será su cuarto eje productivo: Chambara, cerca de Huacho. Allí, explica Gereda, la firma ha sellado una alianza estratégica con la comunidad campesina homónima a través de la cual se la integró al negocio como socia accionista sin derecho a voto de la empresa, además de darle prioridad a su gente en la contratación de la intensiva mano de obra que demanda el cultivo (a principios de noviembre, el día que se realizó la entrevista con el ejecutivo, en los campos de Inka’s Berries había 2.000 personas en plena labor de cosecha).

Con la fruta de Chambara (de sus dos nuevas variedades), Inka’s Berries prevé en 2024 incursionar en Asia. Actualmente, el 55% de los envíos de la compañía va a Europa y el 45% a Estados Unidos.

Para expandir el área instalada, la compañía adquirirá un préstamo de US$ 15 millones de un fondo belga, informa su director ejecutivo. ¿En qué nivel de pasivos los ubica dicha decisión? Gereda puntualiza que hoy la deuda de la empresa es de US$ 2 millones y que “en agricultura la gente se endeuda mucho más”.

La estrategia conlleva detrás el objetivo de cosechar 25.000 toneladas métricas de genética propia en 2026, tanto en campos de la empresa como de terceros. Cabe destacar que el plan incluye los campos de arándanos impulsados por sus distribuidores exclusivos alrededor del mundo. “En tres años deberíamos tener un cambio drástico y ser reconocidos como un jugador global”, asegura Gereda.

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Cerca del tope

Dicho crecimiento coincidiría con el crecimiento ‘tope’ de la industria, que Gereda ve llegar pronto y situarse en unas 25.000 hectáreas. En ese sentido, para el empresario, es clave que la industria peruana ‘ordene’ sus cosechas para evitar picos, los cuales desmoronan los precios. De hecho, este no es un problema solo del arándano. Esta realidad también afecta a la palta, otro cultivo que ha crecido de manera significativa en los últimos años.

“La gran tarea de los peruanos es ordenar la oferta. Ojalá tengamos 10.000 toneladas métricas semanales durante ocho meses. Es el gran reto como empresarios”, sostiene. Gereda dice que, en el caso de su empresa, esta lo ha logrado combinando variedades propias tempranas y tardías, que no se chocan. De hecho, en el país, existen 63 variedades de arándanos cultivadas, según la Asociación de Productores y Exportadores de Arándanos del Perú (ProArándanos).

Más allá del reto, Gereda también observa el potencial. “Mucha gente ya asocia el arándano con el Perú. Te diría que se está convirtiendo en un producto bandera, dado el gran crecimiento que hay. Lo que nos queda es mejorar la calidad, el sabor y aumentar el consumo”, remata.

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