Las universidades peruanas están incorporando cada vez más acciones y criterios de sostenibilidad dentro y fuera de las aulas. El impacto que este enfoque tiene en la empleabilidad de sus alumnos es positivo.

La sostenibilidad se ha vuelto un elemento distintivo entre las universidades públicas y privadas peruanas. De ello da cuenta el Reporte de Sostenibilidad Ambiental en Universidades Peruanas (RSAUP), promovido por el Ministerio del Ambiente (Minam) y la Red Ambiental Interuniversitaria (RAI). Este benchmark evalúa las políticas y acciones ambientales de las universidades peruanas, tanto desde sus ‘funciones sustantivas’, como la formación, investigación y proyección social, hasta las ‘operativas’, que incluyen la gestión ambiental, institucional y administrativa.

El reporte de este año, explican en el Minam, está en pleno procesamiento y sus resultados serán presentados a finales de diciembre próximo. “Más que concebirse como un ranking para ver si una universidad es mejor que otra, se busca resaltar que cada institución, desde su propuesta educativa, sus particularidades y sus diversas funciones, puede jugar un papel importante en la preservación, conservación, restauración y uso sostenible del ambiente”, explica José Martín Cardenas Silva, especialista en ciencia de la Dirección de Educación y Ciudadanía Ambiental del Minam.

¿Cómo están integrando el concepto de sostenibilidad las universidades? La adopción es visible desde en los campus hasta en las currículas, usualmente respaldadas por una política específica. Por ejemplo, la Universidad Científica del Sur (UCSUR) —que ocupa el primer lugar en el reporte desde 2021— cuenta con una política de gestión ambiental que busca minimizar los impactos y promover la conciencia ambiental en la comunidad universitaria y su entorno. Así lo cuenta Gonzalo Flores, decano de la carrera de Ingeniería Ambiental de la UCSUR. El catedrático detalla que, como parte de ese marco, su centro de estudios implementa planes de gestión de residuos sólidos (reciclan papel y fabrican abono), de agua (la reusan en áreas verdes y servicios higiénicos) y miden su huella de carbono. Detalla, además, que la UCSUR usa focos ahorradores de energía y paneles solares para cargar equipos electrónicos.

En la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), que figura segunda en el RSAUP 2022, consideran la conciencia ambiental como una de las seis competencias generales de todas sus carreras. Además, este tema es parte del modelo educativo vigente desde el 2021 de la entidad educativa, señala Silvana Vargas, directora académica de Responsabilidad Social de la PUCP. Sin embargo, la también exministra de Desarrollo e Inclusión Social explica que la apuesta por el ambiente existe en dicha casa de estudios desde hace tres décadas a través de proyectos de investigación y alianzas con diferentes actores, públicos y privados.

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En este contexto, las universidades también abordan la sostenibilidad a través de proyectos sociales y voluntariados. Por ejemplo, durante 2022, los alumnos de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) participaron en iniciativas asociadas durante 192.000 horas y los docentes, por 23.000 horas, anota Marizoila Fontana, directora de Responsabilidad Social Universitaria de dicha universidad.

En las aulas

Aun así, es quizás en las mallas curriculares donde comienzan a tener una mayor relevancia los temas asociados a sostenibilidad. En la Universidad Nacional Agraria La Molina, a partir de 2024, el curso “Ambiente y Sociedad” —hasta ahora electivo— se integrará como parte de los estudios generales de las carreras de pregrado que ofrece, informa a Forbes el director de la Unidad de Estudios Generales, Juan Carlos Palma.

En el caso de las UCSUR, Flores cuenta que es uno de los pilares de sus carreras. “Desde los primeros ciclos, los estudiantes tienen acceso a un curso llamado Educación Ambiental, que les proporciona una sólida base en temas de sostenibilidad. A medida que avanzan en su formación profesional, cada carrera incorpora contenidos relacionados con la sostenibilidad en sus diferentes sílabos”, dice. En la UPC, Fontana precisa que, en 2022, más del 60% de sus carreras contó con uno o más cursos relacionados con temáticas ambientales, responsabilidad social o sostenibilidad en general. En tanto, en la PUCP, ese año más de 400 cursos estaban enmarcados en el campo de la sostenibilidad, de los cuales 74 llevaban la denominación “ambiente” o “sostenibilidad”.

Más empleables

En términos profesionales, las universidades advierten que ser sostenibles y educar en sostenibilidad les da ventajas competitivas. Las fuentes coinciden en que el concepto no solo aporta valores demandados más que nunca en el mundo laboral, como conciencia ética, responsabilidad, respeto, empatía, justicia, comprensión de la inclusión y no discriminación. Al ser un asunto transversal, los alumnos también adquieren una mirada y red de vínculos interdisciplinarios, suma Vargas. A nivel formativo, los alumnos ingresan al mercado del empleo con herramientas básicas para crear e impulsar proyectos, como gestión y evaluación de impacto ambiental, refiere Aldo Josef Reyes, de la oficina de Gestión Ambiental de la UNALM. Eso no es todo.

De acuerdo con Flores, según su experiencia, los alumnos formados en sostenibilidad que marchan al exterior —a hacer un posgrado— logran un desempeño sobresaliente. “En un mercado laboral competitivo, contar con conocimientos y habilidades adicionales en sostenibilidad otorga a los estudiantes una ventaja competitiva. Esto puede marcar la diferencia al buscar empleo o al ascender en una institución”, dice Flores.

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