Son la quinta generación de mujeres que lideran la producción de pisco y vino en la actual ‘Finca 314’ en Ica. Comenzaron a exportar durante la pandemia, el 98% de su staff de campo y bodega es mujer y quieren hacer docencia in situ a través de experiencias de enoturismo. Descubre su historia.

Carmen Robatty Abrill tenía 49 años cuando empezó a saborear la idea de retomar e impulsar el negocio pisquero que cinco generaciones de mujeres de su familia (del lado de su esposo) habían gestado.

La ilusión coincidió con la naciente pasión que Claudia (35), su hija mayor, empezó a sentir por la industria del pisco y el vino. En aquellos años, la exauditora de EY estaba cursando un MBA y, como trabajo final de tesis, eligió desarrollar el caso de un negocio de producción vitivinícola inspirado en su familia, los Moquillaza Mendoza de Ica.

“Decidí enfocarme en esta bodega familiar, que le pertenecía en ese momento, hace más de 100 años, a Etelvina Mendoza, nuestra tatarabuela. Investigamos y viajamos a Ica con mi madre y mi familia y nos gustó mucho la idea de poder invertir en este proyecto. Y no solo tomarlo como un tema de tesis para mi maestría. ¿Por qué no hacerlo realidad?”, comenta en entrevista con Forbes la actual gerente comercial de Finca 314 Winery & Vineyards.

Junto a Carmen, que ahora es la gerente de producción de la bodega (y en dos años, a sus 60, se graduará de enóloga), decidió lanzarse de lleno a la nueva aventura. Así, con el respaldo financiero y la confianza de su esposo Reynaldo -que fundó y gestiona una consultora en Lima- compraron a su familia la totalidad de la finca con la bodega de 202 años ubicada en el kilómetro 314 de la Panamericana Sur (de allí la marca) y su antigua destilería. Más tarde, adquirieron 36 hectáreas para cultivo ubicadas a 13 kilómetros en la zona de Santa Vicenta, en el distrito de Santiago.

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“Creemos que el factor de diferenciación más grande para una bodega vitivinícola es contar con sus propias áreas de cultivo y manejar una trazabilidad minuciosa, impecable, sumamente controlada, desde el viñedo hasta el trabajo en la destilería y la bodega. No nos equivocamos”, sentencia Claudia.

En efecto, desde que lanzaron comercialmente el emprendimiento en 2017, Finca 314 ha recibido méritos internacionales por diferentes productos de su portafolio. Este año, ganaron el “Gran Oro” en el Virtus International Awards Lisboa Portugal por su brandy “Finca 314”, un pisco reposado en barricas de roble americano por 56 meses y su línea de vinos de cepas patrimoniales “Anclajes” (lanzada en 2018) fue reconocida en el New York World Wine & Spirit Competition.

Un equipo intergeneracional 

El equipo de Finca 314 está integrado también por otras dos mujeres, las hermanas de Claudia: Fátima, de 24 años, abogada especializada en fusiones y adquisiciones, y Gabriela, de 29, administradora de empresas y ejecutiva de PwC, quien actualmente realiza una maestría en finanzas y reside en Chile. Ellas son, asimismo, accionistas de Finca 314 y asesoran a la empresa en temas vinculados a su expertise.

Julia Etelvina, la abuela paterna, a sus 90 años, también es parte de la historia y del presente del fundo, cuenta Claudia. Es hija de Julia Francisca (1911-2017), quien, a su vez, fue hija de Etelvina Mendoza (1882-1975), quien inició el negocio.

«Todas las líneas representan a personajes de la familia», dice Claudia. En la imagen se ven productos de Finca 314. Foto: Cortesía

“La historia cuenta que Doña Etelvina Mendoza era una jovencita que vivía en una zona que se llamaba ‘Pueblo Nuevo’, y en la zona de ‘Tate’, donde está la bodega. Conoció a un caballero con el que ella se casó”, relata Carmen. De hecho, desde hace dos años, ella lidera la Asociación de las Damas del Pisco y el Vino, que reúne en Perú y el mundo a mujeres ingenieras, enólogas, catadoras, sommeliers, cocineras, periodistas, abogadas, empresarias relacionadas con la industria, según describe su web.

“En ese fundo, llamado Fundo San Martín (donde se ubica la bodega actual), vivía quien era tatarabuelo de mis hijas. Él se casa con Diña Etelvina y la lleva al fundo […] y, allí, los suegros de la señora Etelvina hacían pisco. Entonces, la abuelita Etelvina, que era muy sabia, empezó a desarrollar la actividad del pisco en esa bodega”, agrega Carmen.   

Fue Julia Francisca, hija de Etelvina, quien creó la primera marca de pisco del hoy Fundo 314, registrada en etiquetas que Carmen heredó y conservó. «Yo tuve esas etiquetas, las guardé por toda una vida, y cómo es el destino, después llegamos nosotros a hacernos cargo y seguir con la historia», agrega.

Historias líquidas

Actualmente, la bodega de las Moquillaza produce diferentes piscos y vinos, cuyos nombres evocan a miembros de la familia. Así, su portafolio incluye los piscos “Don Reynaldo”, en alusión al padre, y “Etelvina”, a la tatarabuela; la mistela (un destilado de pisco al que se agrega mosto de uva) “Rosa Victoria”, a la bisabuela; el licor “Fá”, a Fátima, la hermana menor; y una crema de mango “La abuela”, a Julia Etelvina. El premiado brandy rompe la regla con su título de casilla postal. 

Dichas bebidas son vendidas localmente y en el exterior, informa Claudia. En Perú, se comercializan en licorerías, tiendas, supermercados, boutiques, restaurantes, restobares y hoteles de Lima, Arequipa, Trujillo y Cusco, anota.  “Entre nuestros clientes está Corporación Acurio”, destaca y señala que el primer restaurante que exhibió su pisco fue La Mar y el primer hotel fue el Country Club.  También es parte de la carta de Maido, reconocido como el mejor restaurante de América Latina en 2023. “Estuvimos hace poco celebrando con ellos”, revela Claudia, sobre la velada que compartieron en el Copacabana Palace de Río de Janeiro durante la ceremonia de los Latin America’s 50 Best Restaurants en noviembre pasado, en la que Mitsuharu Tsumura “Micha», chef y propietario de Maido, recibió el galardón. La gerenta repara que, durante ese viaje, también participaron de la exposición de “Pisco, Spirit of Peru”, una campaña impulsada por el Gobierno a través de Promperú.

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En el mundo, los productos de Finca 314 son exportados a Brasil y Europa y se prevé llegar a Shangai, China, y Austria, cuenta la gerenta.  Justamente, su primer destino de exportación fue Río de Janeiro en 2021. “Fue un momento de quiebre para todos los negocios la pandemia en 2020, pero la digitalización de la comunicación y las redes sociales nos ayudaron muchísimo”, dice y comenta que la virtualidad les permitió mostrar cómo desarrollaban sus procesos en campo e interesar a compradores extranjeros. 

¿Qué niveles de rentabilidad han logrado desde que partieron? Al respecto, Claudia comenta que alcanzaron el punto de equilibrio al tercer año de iniciar operaciones comerciales (2020). La gerenta reconoce que el boom culinario y de la coctelería peruana las ayudó. Agrega que, en este momento, el 60% de su facturación proviene de las ventas locales y el 40% de las exportaciones. Claudia también anticipa que, en general, este 2024 las ventas crecerían 30%. En volumen, la bodega espera que la próxima vendimia (marzo -abril del 2025) les permita cosechar 30% más uva pisquera y 22% más uva para vino respecto a la de este año, proyecta.

Claudia Moquillaza y Mitsuharu Tsumura “Micha», chef y propietario de Maido, en Río de Janeiro, durante la ceremonia de los Latin America ‘s 50 Best Restaurants, en el Copacabana Palace. Foto: Finca 314
Viñedo. La bodega cultiva siete variedades de uvas pisqueras, con las que además de pisco produce vinos de las llamadas cepas patrimoniales (que se sembraron durante la colonia). Por año, obtienen 300 toneladas de uva de las 22 hectáreas cosecheras (de las 36 de su fundo). Lo gestionan de manera biodinámica, una técnica de manejo agroecológica. Foto: Finca 314 – Google Maps
Foto: Finca 314 – Google Maps

Enoturismo y empoderamiento

Durante el confinamiento social, las mujeres de Finca 314, tuvieron una idea de negocio complementaria: desarrollar programas de enoturismo, a través de los cuales, desde hace cuatro años, entrenan al público visitante (turistas) sobre la elaboración y enseñan la historia del pisco y el vino peruano. También realizan capacitaciones profesionales in house para bartenders, sommeliers, gastrónomos, importadores y distribuidores, cuenta Claudia y anota que, para impulsar la actividad ‘de educación’ se han aliado con embajadas, universidades y organismos estatales, como Promperú. De la experiencia, han sido parte sommeliers reconocidos internacionalmente como Paz Levinson y los enólogos Fernando Pettenuzzo y Gabriel Fidel, cuenta Claudia.

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Y eso no es todo. En las visitas y entrenamientos, participan mujeres que trabajan en la finca. De hecho, el 98% del personal de campo y bodega de la empresa es mujer, resalta la gerente comercial. No es fortuito. “Hace tres años y medio, desarrollamos un programa de responsabilidad social empresarial en el que se emplea a la mujer agricultora. El 80% de la empleabilidad de Santiago (un distrito de Ica), donde hay mucho viñedo, estaba más destinada a mano de obra masculina. Pero las mujeres tienen mucha capacidad para realizar cortes más finos de los racimos de uva, trabajan muy bien el despunte y en la temporada de la precosecha. Decidimos incluirlas en esas etapas de manera que podamos contribuir a su economía en el hogar, apoyando en la canasta familiar y que ellas también [puedan] sentirse empoderadas y recibir un incentivo económico”, anota. La ejecutiva destaca asimismo el rol de los hombres que participan en campo y la destilación. “También tenemos el gusto de trabajar con maestros destiladores, y en el campo, nos ayudan en el trabajo, la cadena y el eslabón productivo”, acota.  

Que haya mujeres en las posiciones de mando también hace la diferencia, reconocen las hermanas. “¿Cómo aporta su feminidad al negocio?”, le preguntamos. Gabriela y Fátima responden. “El nivel de multitasking de la mujer, la capacidad de una mujer de llevar diferentes tareas a llaves es impresionante y es algo que nos diferencia y es una ventaja competitiva que tenemos versus los hombres. Lo veo demasiado en mis hermanas y mi mamá”, responde Gabriela. 

Para Fátima, la diferencia está en el cuidado de la gestión. “La estrategia va más allá de simplemente hacer el cálculo de los números, ponerlos en práctica y hacer lo que sea necesario para llegar a ellos. [La clave es] cómo lo haces: realizando un buen manejo del personal, haciendo que todos se sientan cómodos, creando un impacto cultural”, comenta y añade que esperan que cada vez sea “más normal” encontrar negocios exitosos liderados por mujeres. 

Y aunque aún la sexta generación no haya nacido -las hermanas se ríen y hacen silencio cuando se toca el tema–, de momento, la quinta tiene claro el mantra familiar. “No es cualquier negocio. Es continuar con lo que hicieron nuestras abuelas, nuestras bisabuelas, nuestras tatarabuelas”, recita Claudia, la mayor.

Dato

  • En 2023, las exportaciones de pisco sumaron US$9,7 millones, lo que representó una caída de 13,3% respecto al año anterior, según el Comité de la Industria Vitivinícola de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI).

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