A través del baile en las redes sociales, en las que tiene millones de seguidores, el creador de contenido pone en valor la diversa cultura local.
Las redes sociales se han convertido en interesantes herramientas de entretenimiento. En pandemia, aburrido por el encierro, Josepth Ovalle empezó a publicar videos suyos bailando canciones que eran tendencia para luego sumar sus propias coreografías e ir ganando seguidores y engagement. En 2023, sin embargo, el comunicador decidió hacer “algo más” y apostó por usar TikTok y otras redes sociales no solo como una forma de expresar su pasión por el baile y las danzas locales. Su objetivo pasó a ser la revalorización de la cultura peruana.
“Ahí es cuando recién digo: ‘Okey, ya tenemos posicionamiento, la gente ya me conoce. Pero quiero que me conozcan de otra manera, que no se me vea solamente como un tiktoker que entretiene, sino quiero crear algún impacto social en las personas’”, cuenta. Ovalle asegura que muchas veces el peruano no valora y apoya su propia diversidad cultural y busca cambiar la mentalidad local y extranjera sobre el Perú. Y la forma de hacerlo es dando visibilidad a ese folclore en sus redes sociales —a través del baile y dando a conocer importantes festividades locales— y abordando en videos temas como el racismo o la falta de apoyo que tiene la cultura a nivel local para generar juicio crítico entre sus seguidores. “Tenemos muchísimas representaciones culturales hermosas que no tienen nada que envidiar a otros países. Junté la danza con mi poder de saber expresarme, para poder darle el valor que merece el folclore en redes”, explica.
El creador de contenido cuenta con 1,9 millones de seguidores en TikTok y más de 276.000 en Instagram, a los que fascina con sus bailes de festejo afroperuano, la tunantada o el caporal, y da a conocer festividades como la Virgen de la Candelaria. Sin embargo, reconoce que le cuesta vivir de su trabajo, pues las marcas no ven el potencial que tiene su contenido, a excepción de en la época de Fiestas Patrias.
Él mismo crea sus shows y trabaja sus videos con el apoyo de su familia, originaria de Ayacucho y con la que los huaynos y las tunantadas eran parte del día a día desde pequeño. Su madre es su productora y su hermano lo apoya en la parte audiovisual. “Todavía no puedo vivir de esto, me encantaría decir que sí lo hago, pero no. Hay muchas marcas que podrían ingresar en mi contenido, pero creo que todavía no lo ven”, confiesa.
Ovalle asegura estar dándose a sí mismo un año más para cumplir su sueño de vivir de la creación de contenido que visibilice la diversidad cultural peruana y convertirse en un referente cultural joven del folclore latinoamericano. “Vivir el festival de la Virgen de la Candelaria me ha dado muchas ganas de seguir haciendo lo que hago”, dice optimista. Mientras sigue produciendo su contenido —en el que asegura mostrarse tal y como es—, prepara su próximo evento: una yunza por su cumpleaños. “Lo que quiero es mostrarles a mis amigos, seguidores, creadores y artistas lo que voy a hacer este año, especialmente el festival de danzas Josepth Raymi, que haré en octubre”, desvela.
