Todos los Derechos reservados © 2004 - 2022, Forbes Peru

Red Forbes

El efecto Penélope en la gestión pública del Perú

El actual Gobierno debe concentrarse en designar a los mejores profesionales para el Estado, no en ahuyentarlos, resalta la especialista en políticas públicas, Alexandra Ames.

Publicado

on

El actual Gobierno debe concentrarse en designar a los mejores profesionales para el Estado, no en ahuyentarlos, resalta la especialista en políticas públicas, Alexandra Ames.
Los cargos de confianza no están pensados para los amigos de un político, dice Ames. Foto: Presidencia de la República.

Las primeras acciones de un Gobierno son muy importantes pues nos dan señales respecto de cuáles serán sus prioridades y, de esta manera, marcan la pauta respecto cuál será el estilo de hacer política y hacer gestión pública.

En un país como el Perú, en donde no existe un sistema sólido del servicio civil, suele ser normal, lamentablemente, que se den cambios de personal técnico cada vez que hay un cambio de Gobierno. Esta es una de las razones principales por las que no se genera experiencia propia en un sector ni se promueve la gestión de aprendizajes alrededor de las políticas públicas que se implementan.

Una buena señal de estabilidad, por ejemplo, suele ser cuando no hay cambios de altos funcionarios del Estado de manera masiva durante los primeros 100 días de gobierno. Esto no ha pasado con el Gobierno de Pedro Castillo. Pese a que está normalizado que existan cambios de servidores públicos cuando entra un nuevo Gobierno, ha sorprendido ingratamente el bajo nivel de preparación técnica y con cuestionamientos éticos de algunos funcionarios colocados por el Poder Ejecutivo.

Lea también: Comunicación de marca: siempre le hablamos a personas

El principal argumento para respaldar a los nuevos funcionarios es que no es ninguna novedad poner a gente sin experiencia dentro del Estado. Pero este argumento se cae solo porque la idea no es aferrarse a lo malo que se hizo en el pasado, sino a corregir en el presente y pensar en hacer las cosas cada vez mejor.

Otro argumento es que se trata de personas que han participado en la campaña política y que merecen un puesto por ello. La idea, visto desde esta perspectiva, es que un político se rodee de personas de su absoluta confianza. Ante esto, varios líderes de opinión sobre el tema han comentado ya en diferentes medios de comunicación, que el Estado no es un botín con el cual el partido político ganador puede hacer lo que quiera. Sin embargo, se ha profundizado poco sobre las razones que refuerzan esta última idea.

Publicidad

Puntos clave

En primer lugar, hay que diferenciar el derecho político de elegir y ser elegido del deber o la responsabilidad que existe cuando uno asume un cargo técnico dentro del Estado. En el primer caso, se trata de los cargos que son elegidos por el pueblo. En el segundo, se trata de cargos que deben coparse según la idoneidad y aptitudes que puede tener una persona para cumplir con el rol y responsabilidades que se le encomiendan.

Un Gobierno con un interés genuino en hacer cambios para implementar políticas públicas de calidad, se concentra en poner a los mejores en puestos clave del Estado, no en ahuyentarlos. Esto, además, va en contra de los propios intereses políticos que puede tener un gobierno: se necesita tener gente proba y capacitada para cumplir con las promesas electorales.

Es como si una persona, sin haber estudiado medicina, pretenda operar de una cirugía a un familiar bajo la excusa de que es su derecho porque este representa a ese familiar. Si de verdad le interesa a esta persona que el paciente sane, debe desear que mejor personal médico opere a su familiar. Con las políticas y la gestión públicas pasa igual. Realmente debes saber hacerlo bien.

En segundo lugar, está el hecho de que los cargos de confianza no están pensados para ser llenados por los amigos en los que más confía un político, sino por personas a la que este político les confía el reto de lograr objetivos determinados por el Gobierno.

No se trata entonces de que uno tiene el derecho de entrar a la función pública solo porque participó en una campaña política o porque es amigo del presidente. Para eso, como digo, están los puestos políticos que son aquellos cargos de elección popular. Pero los cargos técnicos, los deben ocupar profesionales capacitados, que tengan las herramientas y valores suficientes para implementar cambios positivos a favor de la ciudadanía.

Debemos tener claro que el objetivo del funcionario público no es hacer política, sino crear valor público, que, en otras palabras, no es otra cosa más que solucionar problemas públicos y convertir los recursos del Estado en calidad de vida para los ciudadanos.

Publicidad

Revisa también: Mastercard inyectará capital y acelerará a emprendedoras en Perú y Colombia

Pero esta solución no se da de manera mágica, ni con promesas ni con discursos. De la misma manera como en el sector privado se busca generar valor o ganancias para hacer sostenible un negocio, en el Estado se invierte –y mucho– en insumos y recursos que, a través de actividades y procesos, se convierten en productos que pueden ser bienes o servicios para los ciudadanos.

Un hacedor de políticas públicas debe estar preparado para convertir estos recursos públicos en políticas públicas y, a través de ellas, generar valor en la sociedad, en resultados reales para la gente. Año a año, se suele invertir alrededor de S/ 80.000 millones en más de 80 programas presupuestales que están orientados, de alguna u otra manera, a mejorar las condiciones de vida de las personas. El reto está en cómo convertimos ese presupuesto en el mayor impacto posible. 

El desafío también es saber hacerlo correctamente y cada vez mejor. Pero las capacidades que se necesitan para ello, no se desarrollarán en el Estado si es que no se cuenta con un sistema sólido del servicio civil que apunte a la creación de una carrera pública meritocrática, que premie a los mejores y que atraiga el talento de afuera.  Esta es la única manera de revertir el efecto Penélope en la gestión pública, en donde todo lo que se tejió con mucho esfuerzo, se deshace.

El verdadero cambio que se necesita para contar con un Estado efectivo no pasa por cambiar una constitución o una ley, sino en apostar en reformar el corazón del Estado, que son los recursos humanos. Son estos los que deben convertirse en verdaderos agentes de cambio, éticos, responsables, comprometidos y empáticos con los problemas de los ciudadanos. Esa es la revolución que se debería estar promoviendo si es que de verdad se busca transformar al país y entregar soluciones a los ciudadanos que más necesitan del Estado.

Sobre la autora:


Alexandra Ames es jefa del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad del Pacífico.

Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.

Publicidad

Siga todas las noticias de negocios en Forbes Perú.

Publicidad