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Desarrollo sostenible: ¿Cuáles deberían ser las prioridades del Perú en este terreno durante 2023?

Micaela Rizo Patrón, gerenta general de Perú Sostenible, hace un recuento de los aprendizajes que dejó 2022 y las prioridades que debe atender el Perú durante 2023 en términos de desarrollo sostenible en tres dimensiones interconectadas: crecimiento económico, progreso social, y equilibrio ambiental.

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Desarrollo sostenible: ¿Cuáles deberían las prioridades del Perú en este terreno durante 2023?
Foto: Pexels.

El 2022 fue un año complejo, con desafíos y soluciones pendientes en diferentes frentes. Además, todo esto se dio —y todavía se da— en un contexto de incertidumbre.

Para avanzar con resiliencia, nos sirve mucho seguir la ruta del desarrollo sostenible con una mirada integral y sistémica, que conecte los puntos y profundice en entender las causas y los efectos para ir construyendo un futuro mejor. Este enfoque implica un cambio importante en la forma tradicional con la que hemos definido el progreso en el último siglo, en el que hemos medido el desarrollo, principalmente, con un lente económico.

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Esta nueva mirada requiere que reconozcamos que vivimos en un mundo interconectado, en el cual las empresas y la economía son parte de un sistema más amplio, donde interactúan y son interdependientes con la sociedad y el medio ambiente. Con este artículo buscamos compartir reflexiones sobre el balance del 2022 basados en esta perspectiva y haremos un recuento de aprendizajes que nos dejó este año y las prioridades que debemos atender el 2023 en términos de desarrollo sostenible en tres dimensiones interconectadas: crecimiento económico, progreso social, y equilibrio ambiental.

Balance de 2022

Empezamos el 2022 con tareas claras, tales como garantizar el retorno seguro a clases, culminar la vacunación contra la COVID-19 e impulsar la reactivación económica. Sin embargo, a estos retos se sumaron otros sucesos, lejanos geográficamente, pero que inciden directamente en nuestro camino: la guerra en Ucrania, cuyo impacto se refleja en el alza del precio del combustible, llevando a que los precios de bienes y servicios se eleven a mitad de año y que, aunque al cierre de año a la baja, tengamos niveles de inflación mayores a los del 2021.

Hechos como estos evidencian la interconexión entre los países del mundo. Un ejemplo claro es ver cómo factores externos, como un virus originado en Asia y una guerra en Europa, pueden hacer que para más peruanos sea más caro comer. Según el último Foro Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), 16.5 millones de personas en el Perú viven hoy en inseguridad alimentaria. Esto, en parte, es consecuencia de los 2,2 millones de peruanos sin empleo y de la reducción de los ingresos familiares de 33% que dejaron los primeros meses de aislamiento por la pandemia.

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En enero del año pasado tuvimos, además, una crisis ambiental con el derrame de petróleo en el litoral de Lima, que contaminó más de 1 millón y medio de m2 y afectó a más de 2.500 pescadores. Por otro lado, en el ámbito institucional, las denuncias y constantes enfrentamientos entre Legislativo y Ejecutivo agravaron la polarización que vivimos, dando señales desfavorables de incertidumbre al mercado y los inversionistas. Ello afectó directamente el desarrollo de nuestro país.

Sin embargo, no todo ha sido negativo. Perú retomó el proceso de adhesión a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), lo que nos da un norte para incorporar estándares y normas enfocadas en cerrar distintas brechas de crecimiento sostenible. Asimismo, el desarrollo bajo en carbono viene despegando con iniciativas locales, como el desarrollo de la Taxonomía Nacional para las Finanzas Verdes del Ministerio del Ambiente, que potenciará la movilización de capital público y privado hacia inversiones sostenibles.

De manera similar, a nivel internacional, desde espacios de conversación y cooperación como la 27ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27), los países desarrollados vienen asumiendo mayores compromisos para apoyar a los países más vulnerables, como el Perú, frente a los riesgos y pérdidas por futuros impactos del cambio climático.

Retos para este año

Estos hechos nos llevan a reflexionar sobre los retos que nos toca asumir en el 2023. Para esto, un ejercicio muy útil es entender los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como una hoja de ruta para los gobiernos y el sector empresarial, que ayuda a priorizar acciones en el camino de desarrollo que necesita el país. Entre algunos de los temas que abordan los ODS se encuentran poner fin a la pobreza, promover el crecimiento económico en armonía con el medio ambiente y garantizar que para el 2030 todas las personas disfruten de paz y prosperidad. Considerando lo que hemos vivido en 2022, es válido plantear que el Perú deberá enfocarse, principalmente, en al menos 3 objetivos:

Indudablemente, y como línea transversal, en el fortalecimiento de la institucionalidad del sector público (ODS #16 ‘Paz, justicia e instituciones sólidas’) para desplegar y ejecutar políticas que creen un contexto favorable para el cierre de brechas. En esta tarea es vital el ingreso de los nuevos gobiernos regionales y municipales.

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Además, y considerando proyecciones de organizaciones como el Ministerio de Economía y Finanzas, el Banco Central de Reserva del Perú o el Banco Mundial sobre un crecimiento más lento de la economía peruana en 2023, es importante poner foco en impulsar el desarrollo económico inclusivo y sostenible, mirando los lineamientos del octavo ODS: ‘Trabajo digno y crecimiento económico’. Este trabajo, particularmente, debe enfocarse en el aumento de la productividad y las capacidades de uno de los principales activos que tiene el país: su gente.

En esta línea, un tercer objetivo relevante, que debe ser trabajado con más urgencia, es el segundo ODS: ‘Hambre cero’. Con ello, nos aseguremos que más peruanos puedan acceder a una alimentación que efectivamente ayude a mejorar sus condiciones de vida y sea la base para activar mayores oportunidades.

Los retos que nos esperan en el 2023 son complejos, pero debemos verlos como la oportunidad ideal para dejar de lado nuestras diferencias y consensuar agendas y trabajar, más arduamente, en alcanzar un Perú sostenible, justo y próspero. Este enfoque sistémico e interconectado es la clave que nos ayudará, no solo a superar los retos venideros, sino a seguir avanzando hacia el país con el que todos soñamos.

SOBRE LA AUTORA

Micaela Rizo Patrón es gerenta general de Perú Sostenible

Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.

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