Verónica Sifuentes, gerente general de Es Hoy, explica que necesitamos líderes que reconozcan el valor de actuar en colectivo y la importancia de propiciar espacios de encuentro con más actores, incluyendo a quienes piensan diferente, para construir agendas de consensos mínimos que nos permitan tener un norte común como nación.
Construir la confianza se ha vuelto un tópico común. Fue el tema central en la última edición de CADE Ejecutivos y ha ganado relevancia en otros foros internacionales. En el caso de nuestro país, ¿cómo el sector privado puede ayudar a revertir este fenómeno?
El Perú es un país desconfiado. Desconfiamos no solo de las instituciones, sino de nuestros amigos y familiares (World Values Survey, 2020). Si desconfiamos incluso de quienes conocemos, ¿cómo podemos tejer una relación con millones de desconocidos para construir juntos una idea de nación y de futuro?
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En el país han cobrado vida todo tipo de conflictos. Algunos han sido ocasionados por cuestiones socioambientales y la falta de entendimiento entre Estado, ciudadanos y empresas. Pero también hay constantes conflictos políticos que, en los últimos años, han golpeado nuestra institucionalidad, democracia y, lamentablemente, han cobrado la vida de varios compatriotas. Esto es el reflejo de las grandes incapacidades de nuestro país: no confiamos, no escuchamos, no consensuamos. De hecho, según un estudio del Proyecto Especial Bicentenario de 2020, 9 de cada 10 entrevistados dijeron que los peruanos no sabemos dialogar.
El sector privado, sea por desinterés o desconocimiento, ha estado lejos del debate público. Según Apoyo Consultoría, 75% de peruanos no ha escuchado hablar a los empresarios sobre temas vinculados al desarrollo del país y el 55% considera que los empresarios de las grandes empresas privadas no contribuyen al desarrollo de su región (Ipsos, 2023). Así se ha ganado la percepción de preocuparse solo por sus negocios. Sin embargo, el desmantelamiento de nuestras instituciones, que afecta al sistema político y de justicia, también desincentiva la inversión y reduce el crecimiento. La conclusión es clara: sin confianza, institucionalidad ni respeto a las reglas, no hay negocios saludables.
Si la ausencia del sector privado es parte de los problemas, su presencia, bajo una nueva forma de vincularse con la sociedad, es fundamental para encontrar soluciones que muevan la aguja. Necesitamos líderes empresariales conscientes de que su responsabilidad con el país va más allá de generar empleo y pagar impuestos. Requerimos que estos líderes reconozcan el valor de actuar en colectivo y la importancia de propiciar espacios de encuentro con más actores, incluyendo a quienes piensan diferente, para construir agendas de consensos mínimos que nos permitan como nación tener un norte común.
En un país que no conversa y con un sector privado acostumbrado a estar lejos de los debates públicos y del diálogo, resulta transformador y esperanzador la participación activa y entusiasta de líderes empresariales en espacios donde amplían su mirada sobre la realidad del país y el rol que debemos asumir en un contexto marcado por la desconfianza y la polarización. En estos espacios, estos ejecutivos desarrollan el músculo de la escucha, el diálogo y el consenso con personas diferentes, con posiciones distintas e, incluso, opuestas.
Sin embargo, aún falta mucho por hacer. De la desconfianza, incapacidad de diálogo y permanente conflictos, se desprenden la fragmentación, desazón, el pesimismo y la desesperanza, sensaciones que sobrevuelan sobre cada vez más peruanos y peruanas. Que el año pasado 400 mil compatriotas hayan abandonado el Perú por falta de oportunidades y por sentir que aquí no son dueños de su futuro, es la evidencia más contundente.
El impacto más profundo y poderoso de la desconfianza no está en debilitar el tejido y las relaciones hoy, sino en hacernos dudar del mañana. Vive de lo que sucedió en el pasado, debilita el presente y oscurece el futuro. Si queremos reconciliarnos con nuestro futuro y el de nuestro país, necesitamos imaginar y volver a creer que el Perú no es solo el lugar donde nacimos, sino el lugar donde elegimos crecer. El sector privado, a través de un nuevo liderazgo empresarial ciudadano, tiene un rol clave en este sueño.
Sobre la autora:
Verónica Sifuentes es gerente general de Es Hoy.
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
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