"Aquellos que ejercen la responsabilidad de liderar deben ser conscientes de hasta dónde llega su poder", comenta Rosa María Fuchs.
El Perú contaba con un líder muy admirado por la mayoría. No solo era solicitado para hablar de fútbol, sino que se acudía a él también para que compartiera sus experiencias como líder. ¿Cómo logró que después de 36 años se clasificara para un mundial? ¿Cómo logró que el trabajo en equipo funcionara? Esas eran algunas de las preguntas que solían hacerle y siempre era notorio el cariño que recibía, a pesar de que ya no era el director técnico de nuestra selección de fútbol.
Hace muy poco leí un titular sobre él y decía: de héroe a villano. ¿Qué sucedió? ¿Por qué se rompió la magia? Simplemente, eligió una alternativa laboral que muchos han interpretado como dejar de querer a nuestro país. Ha sido una decisión que ha incomodado a un pueblo. ¿Es que los seguidores de un líder pueden darle la espalda tan fácilmente? En mi opinión, depende de las razones por las que lo seguían.
El poder que ejerce un líder puede provenir de diversas fuentes. Puede influenciar en sus seguidores por coerción, por recompensas, por legitimidad, por ser un experto o por ser un referente para ellos. Ser un experto brinda un gran poder al líder porque se puede llegar a creer que no hay nadie más que trabaje como él, que nadie estará a su altura para sustituirlo. Puede haber sido el caso de este líder deportivo. Sin embargo, cuando el poder es el del referente, los seguidores admiran a su líder no solo en el aspecto laboral, sino en el personal: quieren ser como él en diferentes aspectos de sus vidas.
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El poder del referente ha llevado a los seguidores de algún artista a suicidarse al descubrir que en sus vidas privadas eran maltratadores, infieles o estafadores. Aquellos que ejercen la responsabilidad de liderar deben ser conscientes de hasta dónde llega su poder, para tratar de evidenciar, en su día a día, que son seres humanos y que podrían equivocarse sin que sea su intención causar daño. Recordemos que un líder tiene la misión de encaminar a la organización hacia sus objetivos, es la persona en la que se confía y a la que se apoya en las épocas buenas y en las difíciles también. Es la persona a la que respaldarán en tiempos turbulentos para que todos en la organización puedan salir adelante.
Un líder está llamado a reflexionar pausadamente sobre los efectos de sus decisiones y, lo más importante, cómo manejará las consecuencias de sus acciones. Sea que el poder corresponda al del referente o al del experto, las emociones estarán tan o más presentes que la razón en los seguidores. Una comunicación asertiva será protagónica para que la relación no se quiebre. Del amor al odio puede haber solo una decisión y en una organización resultaría muy contraproducente llegar a ese punto. El clima organizacional se afectaría en gran medida y recuperar un ambiente de confianza, tranquilidad, pertenencia y orgullo sería muy difícil e incluso podría no lograrse.
SOBRE LA AUTORA
Rosa María Fuchs es jefa del Departamento Académico de Administración de la Universidad del Pacífico.
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
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