Cerrar la brecha de infraestructura, invertir en investigación y tecnología, aprovechar las oportunidades que dan los sectores agroindustria y pesca, son algunas de las tareas que debe implementar el país, señala Orlando Marchesi, socio principal de PwC Perú.
El caso peruano ha llamado la atención a nivel internacional, como un ejemplo curioso de crecimiento. Pasamos de un periodo de grave crisis económica en los 80 a alcanzar estabilidad y crecimiento sostenido durante las siguientes dos décadas; a pesar de que la inestabilidad política fue también una constante.
Hacia el cierre del 2024, tanto el primer ministro como el ministro de Economía resaltaron que el crecimiento del país superaría el 3%; e incluso la OCDE cambió sus proyecciones, elevando la cifra a 3.1%. Si bien son noticias alentadoras, resulta importante que reflexionemos respecto al tipo de crecimiento que queremos como nación y las condiciones de desarrollo que estamos generando.
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Existen diversas claves para lograr un crecimiento sostenido, que deben ser tomadas en cuenta para garantizar que el curso se mantenga y que podamos protegernos frente a cualquier eventualidad. En primer lugar, es indispensable que el país aproveche sus ventajas comparativas. Actividades económicas como la minería, pesca, agroindustria y turismo deben ser el foco de atención de inversiones en los próximos años para garantizar el crecimiento del PBI y el empleo, reduciendo la pobreza que hoy está en el orden del 29%. Pero, para esto, será necesario brindar garantías a los inversionistas, tanto nacionales como extranjeros, en lo que se refiere no sólo a seguridad jurídica, sino también seguridad física. Sobre todo, para aquellos inversionistas que realizan actividades de exploración, desarrollo y explotación en minería, gas y petróleo en zonas remotas.
Las oportunidades para la agroindustria y pesca son enormes. La red de tratados de libre comercio que Perú ha firmado en los últimos 15 años nos da acceso a grandes mercados y en lo que respecta al turismo, estamos cerca de alcanzar cifras prepandemia de visitantes extranjeros, pero aquí requerimos invertir en infraestructura para potenciar al Perú como un principal destino turístico. Debemos integrar circuitos turísticos con carreteras y hoteles adecuados para hacer la experiencia del turista muy agradable.
Segundo, resulta crítico cerrar las brechas de infraestructura a nivel nacional. Necesitamos mejor conexión en y con las regiones. Debemos planear el crecimiento de manera que reduzca las brechas en todo nivel: en transporte, energía (entre otros servicios básicos) y conectividad digital. Sin estas mínimas garantías, no será posible lograr la descentralización y reducción de desigualdades. Arequipa es un ejemplo de éxito al ser el segundo aportante a nuestro PBI, ¿por qué no intentar potenciar las economías regionales para garantizar que nuestro crecimiento se mantenga en el largo plazo y que incluya a toda la población? Sin duda, el puerto de Chancay es un paso importante, pero aún hay mucho que hacer en las distintas regiones del Perú.
Pensar en la descentralización de la economía y la generación de oportunidades a nivel regional nos lleva a un tercer punto indispensable para hablar de desarrollo: la educación y capacitación de nuestra gente. Solo a través del fortalecimiento del capital humano se podrá mejorar la productividad y permitir que estemos listos para los procesos de transformación que enfrenta el mundo hoy en día, como la automatización y la rápida evolución tecnológica.
La necesidad de mejora del capital humano en el interior del país resulta más critica que en las ciudades, pero en general la baja ejecución presupuestaria de las regiones revela una clamorosa falta de habilidades de manejo de proyectos que requiere ser abordada con urgencia. Debemos mejorar el capital humano en los tres niveles de gobierno y para eso deberíamos propiciar una reforma para atraer a buenos talentos al sector público. Resulta indispensable eliminar ese tope que existe hace casi 20 años a los sueldos de los funcionarios públicos. Las regiones tienen los recursos para invertir, pero gran parte regresa al MEF al final del año por que no se ejecutaron los presupuestos.
Además de las claves para el crecimiento sostenido, nuestro país requiere mejorar su competitividad, con urgencia, y esto solo se puede conseguir a través de ciertas garantías. Por un lado, es necesario que trabajemos en la estabilidad institucional. Necesitamos reformas que permitan abordar nuestros principales problemas: la corrupción, la informalidad y la ausencia de capital humano en los tres niveles del estado para administrar eficientemente los recursos. Requerimos también mejorar nuestra administración de justicia y agilizar nuestras administraciones municipales en lo que respecta a trámites y licencias. Esto es básico para que las inversiones, tanto nacionales como extranjeras, nos vean como un país atractivo a la inversión.
Por otro lado, la competitividad también nos exige invertir en investigación, en tecnología y en el desarrollo de startups que permitan dinamizar nuestra economía. Sin duda es un reto grande para el que tendríamos que cerrar las brechas antes mencionadas como primer paso, pero los invito a observar y analizar las experiencias de países cercanos, que encontraron en la cooperación público-privada la respuesta a sus retos. En Colombia existe Ruta N, una corporación pública, de la alcaldía de Medellín, que fomenta la innovación para crear soluciones tecnológicas para los desafíos de la ciudad, a través de programas que capacitan y fortalecen el ecosistema empresarial y emprendedor, para atraer capital y organizaciones globales a Medellín.
Las condiciones que he ido mencionando a lo largo del artículo, nos permiten repensar el desarrollo desde un punto de vista inclusivo. Por un lado, la meta del cierre de brechas de infraestructura, como el acceso a servicios básicos o la inversión en estructura vial, puede trabajarse con un cambio de mirada a nivel Estado, que incentive a los funcionarios públicos a pensar en políticas que promuevan la inclusión social y el desarrollo.
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Se trata de cambiar nuestra forma aislada de abordar los problemas y pensar de forma integral, pues nuestros desafíos están interconectados. Hablar de inclusión social nos acerca también a la sostenibilidad, de la que tanto hablamos hoy en día. Las políticas inclusivas deben ir de la mano con otras que incorporen el equilibrio y la protección de recursos naturales como parte de los planes de crecimiento económico. Esto no significa cerrarnos o negarnos a proyectos extractivos o de inversión. Al contrario, implica generar un ambiente de confianza con las comunidades y el ecosistema empresarial, para que juntos impulsen proyectos que permitan un beneficio compartido.
Las políticas públicas integrales requieren que comprendamos que el crecimiento económico y la competitividad, nuestras únicas herramientas para luchar contra la pobreza y garantizar el bienestar de la población, no tienen por qué ser enemigos de la sostenibilidad. Si nos esforzamos por imaginar un futuro mejor como país, entenderemos que las alianzas público-privadas y la cooperación internacional son las vías que trazarán nuestro camino hacia los cambios estructurales que tanto exigen los peruanos. No se trata de enfrentar el empresariado con la sociedad o las comunidades, sino de construir puentes para un mejor tejido social, uno que respalde el crecimiento, la generación de empleo, la educación y la seguridad jurídica para todos los peruanos.
Ahora que empezamos un nuevo año, es un momento ideal para reflexionar sobre los planes que queremos concretar y las acciones que van a definir nuestra ruta. Es nuestro papel como líderes empresariales, el usar nuestro conocimiento para apoyar la construcción de un mejor país, con oportunidades para todos. Uno donde el crecimiento y desarrollo dejen de ser solo una promesa y se concreten en empleo, equidad, salud y oportunidades para nuestras próximas generaciones. En este sentido, y por las experiencias que hemos vivido en los últimos 35 años, sabemos objetivamente qué tipo de políticas económicas funcionan y cuáles no. Cuáles promueven el crecimiento y la reducción de pobreza y cuales, más bien, sirven de freno a la inversión y el empleo. El reto que tenemos por delante es lograr el consenso sobre el camino a seguir. Si logramos esto, nadie nos para.
Sobre el autor:
Orlando Marchesi es socio principal de PwC Perú
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
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