El plan de transición de una sucesión corporativa debe plantearse con hitos medibles para asegurar el progreso, dice Oscar Pizarro, gerente general de Tai Loy.
Sin duda, una de las preocupaciones más importantes que aquejan a los emprendedores, especialmente al llegar a una edad madura, y luego de haber creado y conducido de manera exitosa su propio negocio durante muchos años de esfuerzo y trabajo, es cómo asegurar la continuidad del negocio, haciendo una adecuada transición hacia la siguiente generación, pero sin morir en el intento. Y es que, cuando los temas de la familia se empiezan a mezclar con los de la empresa, el no delimitar las líneas a tiempo y correctamente, puede convertirse en una bomba de tiempo.
¿Por dónde empezar? Lo primero, es tomar la decisión. Esto implica interiorizar que, para que el plan de sucesión sea exitoso, habrá que delegar, empoderar, y establecer reglas de transición, que deberán ser cumplidas por todos, incluyendo a la familia propietaria. El segundo paso, y en mi opinión el elemento más importante, es la elaboración del Protocolo Familiar. Es el documento que delimita y define cómo será el manejo de las relaciones, deberes y derechos, y roles; de la familia, la empresa, y la propiedad, los tres componentes fundamentales de la sucesión. En términos simples, es un texto que establece dónde empiezan y dónde terminan los alcances de cada uno, con miras a evitar los conflictos futuros, definir el modelo de gobierno de la compañía, y garantizar la continuidad del negocio.
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Entre los elementos más importantes que debe considerar el protocolo familiar, tenemos:
- Definición del rol de la familia en el gobierno y la toma de decisiones en la empresa.
- Reglas para el empleo y participación de los miembros de la familia en la organización, incluyendo políticas de beneficios para la familia.
- Definición de las reglas relacionadas a cómo quedará la propiedad de la empresa, y los activos.
- Cuál será el proceso a seguir para la sucesión, y cuál será el perfil del Gerente General o CEO.
- Acuerdos en general sobre las relaciones familia-empresa.
Para desarrollar el protocolo familiar, es recomendable recurrir a un consultor experto. Esto aportará metodología y facilitará los acuerdos entre los miembros.
Una vez que ya se cuenta con el protocolo, el siguiente paso es la transición del liderazgo. En este punto, es de suma relevancia definir adecuadamente el perfil del nuevo CEO. En general, se debe validar que se trate de un ejecutivo cuyos valores y visión estén alineados a los del accionista y que sea un profesional que, cuando menos, reúna las siguientes competencias:
- Dispuesto a “remangarse” y empezar desde la base.
- Sólida formación en valores.
- Más líder que técnico.
- Capaz de cuidar la cultura, pero transformar la gestión.
- Alta capacidad de armado y manejo de equipos.
- Comunicación efectiva multinivel.
- Orientación a resultados.
- Capacidad de “retar” al dueño y el status quo, no simplemente un seguidor de órdenes que sea un fiel reflejo de la administración actual.
- Sólida formación académica y experiencia gerencial.
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Finalmente, en base a la experiencia y los casos que he podido ver en estos años, recomiendo tener los siguientes puntos muy en cuenta, para asegurar una transición exitosa:
- No hay sucesión exitosa sin el compromiso de los accionistas.
- El objetivo primordial y que no se puede perder de vista es la continuidad del negocio.
- En un negocio sostenible, la meritocracia y el liderazgo se deben priorizar sobre los lazos familiares.
- El protocolo familiar es el paso fundamental en el proceso.
- El plan de transición debe plantearse con hitos medibles para asegurar el progreso.
- Cuidar en todo momento lo más valioso: la gente, la cultura y el negocio.
- El empoderamiento y la delegación genuinos son requisitos indispensables en la transición.
- Es muy importante contar con un buen proceso de manejo del cambio.
- El rol del Gerente Financiero o CFO es vital. Tan importante como contar con un buen CEO es contar con un buen CFO, para garantizar el adecuado control y cuidado de los recursos, así como el equilibrio en las decisiones.
Postergar demasiado el plan de sucesión, ya sea porque no se considera algo prioritario, o por evitar conflictos familiares, o porque preferimos dejarle eso a las generaciones futuras, puede constituir un grave riesgo para la sostenibilidad del negocio en el futuro. Más vale prevenir, que lamentar.
SOBRE EL AUTOR
Oscar Pizarro Ubillus es gerente general de Tai Loy
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
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