El retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos plantea un escenario de incertidumbre para la economía global y, en particular, para el Perú. No obstante, sus políticas proteccionistas podrían hasta ser beneficiosas para algunas industrias de nuestro país.

El inicio del segundo mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos ha sido un torbellino de decretos ejecutivos y breves disputas diplomáticas que, a pesar de las formas, lograrían su objetivo de fondo. La velocidad y determinación con la que ha avanzado contra nuestros vecinos de la región levantan las alarmas sobre cuándo podría tocarle el turno al Perú, y cuál sería el impacto de ello. Su política de América Primero no necesariamente va a ser lograda vía incrementos arancelarios, pues genera presión inflacionaria dentro de EE.UU.

No obstante, el impacto de ésta ya se siente en el empresariado global: una encuesta de Dun & Bradstreet a aproximadamente 10.000 empresas a nivel mundial encontró que su optimismo sobre la continuidad de la cadena de suministro disminuyó un 10,4 % desde el el cuarto trimestre de 2024 hasta el primer trimestre de 2025. Los desafíos, como los costos de transporte, la escasez de contenedores y las interrupciones en las rutas, así como los retrasos en los pagos, contribuyeron a esta disminución. Además, los nuevos aranceles agravan un entorno ya desafiante.

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En ese contexto, ¿corre riesgo el tratado de libre comercio (TLC) entre Perú y EE.UU., o las relaciones entre ambos países en general? ¿Pueden esperar las empresas peruanas disrupciones en su cadena? Recordemos que EE.UU. es el segundo socio comercial de Perú, solo detrás de China. En el primer periodo de Trump, Perú fue de los países que menos impacto negativo tuvo por medidas proteccionistas; de hecho, nuestra balanza comercial con EE.UU. se ha mantenido deficitaria por más de 10 años, escenario muy distinto al de Colombia y México. El TLC se mantiene, con condiciones favorables para ambos países, lo que sugiere estabilidad en las condiciones del mencionado tratado bilateral, donde la aplicación de aranceles no tendría un sentido económico por el portafolio de productos importados por EE.UU. desde Perú.

En la economía peruana, los sectores clave de exportaciones a los EE.UU. son la agricultura, minería, pesquería y textil. Desde este enfoque, la agroindustria mantiene una posición segura. Los arándanos, uvas, espárragos y café tienen una demanda sostenida en EE. UU., en donde no hay producción local que los sustituya. En el ámbito minero, el oro y el cobre seguirán siendo altamente requeridos, sin restricciones arancelarias que afecten su comercialización; misma suerte seguiría el sector pesquero, que mantiene una proyección estable. 

El rubro de textiles, en cambio, podría beneficiarse: si EE. UU. endurece sus barreras comerciales contra China, Perú podría posicionarse como un proveedor estratégico como substituto de textiles de bajo costo relativo a las prendas hoy importadas. Recordemos que en el Perú se maquila prendas de vestir para marcas de lujo y semi-lujo europeas y americanas.

Si bien el impacto inmediato del regreso de Trump parece acotado, la creciente inversión china en Perú podría generar tensiones a futuro. Un punto crítico es el Puerto de Chancay, que se proyecta como un hub clave en el comercio con Asia. Si Trump endurece su postura contra productos provenientes de China, las exportaciones peruanas a través de este puerto podrían enfrentar barreras. El uso de otros puertos en el litoral peruano, podría mitigar riesgos. La política arancelaria que pueda adoptar la administración Trump frente a empresas nacionales adquiridas por capitales chinos cuyo producto final tenga como destino EE.UU. es otro punto de potencial tensión a futuro. 

De momento, el temporal no está teniendo un impacto tangible en nuestro país. Sin embargo, la velocidad a la que avanza esta nueva administración hace incierto el futuro a corto plazo, y requiere de un enfoque preventivo en gestión de riesgos y búsqueda de nuevos mercados potenciales por las empresas peruanas frente a su cadena de suministro.

SOBRE EL AUTOR

Sebastian Hasenauer es gerente general de la Región Andina de CIAL Dun & Bradstreet 

Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.

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