Rosa María Fuchs, jefa del Departamento Académico de Administración de la Universidad del Pacífico, explica que la creación de valor abarca la totalidad del quehacer organizacional y permite a una organización redireccionarse para atender las nuevas y legítimas exigencias sociales, tecnológicas y ambientales.

La creación de valor ha pasado de ser un concepto estático a convertirse en un tema fundamental en los debates de la alta dirección y de la investigación en management. De la optimización de modelos tradicionales, migramos a la reinvención de estrategias, la integración de tecnologías disruptivas y al alineamiento de las metas corporativas con las demandas emergentes de stakeholders más exigentes. La lista de catalizadores de la creación de valor es extensa, pero podemos reflexionar en algunos conceptos: innovación, tecnologías disruptivas, sostenibilidad, manejo del talento humano y liderazgo estratégico. Según el reporte 28th Annual Global CEO Survey de PwC, 40% de los líderes reconoce que sus empresas no serán viables en una década si persisten en su trayectoria actual.

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Generar beneficios significativos para todos los grupos de interés descansa, principalmente, en la capacidad para innovar navegando entre olas de desafíos crecientes. La aceleración para la generación de valor que promete la IA generativa aún forcejea con las murallas de su adopción: 56% de los CEO reporta ganancias en eficiencia laboral y un 34% observa mejoras en rentabilidad. Sin embargo, esto apenas es el prólogo del poder transformador de esta tecnología. Por cierto, su poder disruptivo también se enfrenta a la desconfianza en su implementación ética y operativa: solo un 33% de los CEO declara un alto grado de confianza en procesos clave impulsados por IA, lo que resalta la urgencia de marcos de Responsible AI.

La creación de valor se apoya en la innovación que, según el informe Most Innovative Companies 2023 de Boston Consulting Group (BCG), es reconocida por el 79% de las empresas globales como una de sus tres prioridades estratégicas, pero la sinergia que puede producir la combinación de innovación estratégica y sostenibilidad puede impulsarla. Justamente, un análisis de PwC destaca que las organizaciones que priorizan acciones climáticas exhiben márgenes de rentabilidad superiores.

Nuestro mundo es cambiante y ejerce una presión constante hacia la reinvención organizacional. El liderazgo estratégico es un agente multiplicador y, en cuanto al enfoque en el talento humano, la IA generativa está reconfigurando habilidades y roles. Según un estudio de McKinsey, aunque el 38% de las organizaciones anticipa que el tamaño de su fuerza laboral no cambiará, se prevén reducciones del 20% en operaciones de servicio y cadena de suministro, mientras que áreas como desarrollo
de software y TI podrían crecer hasta un 15%. Este dinamismo exige una gestión ágil del capital humano. De acuerdo con McKinsey, el 44% de las empresas ya ha reentrenado hasta el 5% de sus empleados en el último año y proyecta escalar esta cifra al 19% en los próximos tres años.

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Recordemos que la creación de valor abarca la totalidad del quehacer organizacional y permite a una organización redireccionarse para atender las nuevas y legítimas exigencias sociales, tecnológicas y ambientales. Ya que todos participamos en este proceso, reflexionemos respecto a nuestra cuota de responsabilidad y abracemos el compromiso de reinventar procesos, relaciones y, principalmente, el futuro de manera sostenible y equitativa.

SOBRE LA AUTORA

Rosa María Fuchs es jefa del Departamento Académico de Administración de la Universidad del Pacífico.

Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.