La gigante tecnológica Microsoft despidió recientemente a más de 15.000 empleados. Para la autora, "no está mal despedir personas", pero es necesario contemplar el impacto de los despidos en las personas que lo hicieron posible.
Recientemente hemos sabido que Microsoft, una de las empresas más emblemáticas en innovación tecnológica a nivel global, ha despedido a más de 15.000 personas en distintos países en lo que va del año. La noticia no es solo la cifra, sino cómo se enteraron los trabajadores: algunos demoraron en recibir una comunicación oficial, otros estaban de vacaciones y simplemente no pudieron volver. Hay testimonios de angustia, de confusión, incluso de personas que han sido despedidas por segunda vez en pocos meses.
Y ahí es donde vale la pena detenerse: en las formas. No está mal despedir personas. No está mal tomar decisiones difíciles para garantizar la sostenibilidad de un negocio. Hay momentos en los que las organizaciones deben hacer ajustes profundos, y Microsoft lo ha hecho desde una lógica muy clara: priorizar resultados, reordenarse para crecer y eliminar capas organizativas para ganar agilidad. Es una decisión coherente con su cultura: una empresa orientada al alto desempeño, al cambio rápido y al liderazgo de mercado.
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Pero así como el qué es importante, el cómo también lo es. Una transformación real no solo se mide por las decisiones que se toman, sino por cómo esas decisiones afectan a las personas que hicieron posible llegar hasta ahí. Despedir no tiene que ser sinónimo de frialdad ni desconexión. Y en ese sentido, Microsoft —y muchas otras organizaciones— tienen aún el reto de humanizar sus procesos sin dejar de ser eficientes.
Mientras tanto, ya han comenzado a contratar nuevos perfiles, más alineados a esta nueva era de inteligencia artificial, automatización y análisis de datos. Todos estamos mirando con atención qué puestos se abren, qué habilidades se priorizan, cómo se va pintando de nuevo la cancha para quienes buscan seguir siendo parte del futuro.
Tomar decisiones difíciles es parte de liderar, y en un negocio global como Microsoft, esas decisiones son aún más complejas, urgentes y trascendentales. No se trata de juzgar si está bien o mal —porque a veces lo necesario no es cómodo—, sino de reconocer la responsabilidad que implica decidir en escenarios que impactan miles de vidas. Lo que sí queda como reflexión es que el «cómo» también importa: cómo se comunica, cómo se acompaña, cómo se gestiona la salida de quienes hicieron parte del camino. Y en medio de estos movimientos, por duros que sean, también se abre una oportunidad para todos: la de reinventarse sin entrar en pánico, con la claridad de que los cambios nos interpelan, nos sacuden y, a veces, también nos empujan hacia versiones más valientes de nosotros mismos.
Sobre la autora:
Maisa Mercado es CEO de la firma de gestión humana Asertiva Consulting.
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
