Ver la sostenibilidad ambiental como un "gasto" o como una acción aislada de Responsabilidad Social Empresarial, sin que esté integrada a la estrategia del negocio, puede llevar a ejecutar acciones simbólicas, dice César Antúnez de Mayolo.
Eres miembro independiente del directorio en una empresa familiar que cuenta con una planta industrial, la cual consume una cantidad importante de energía eléctrica y como consecuencia de sus procesos productivos, genera emisiones atmosféricas y desechos sólidos. El CEO pidió que se incorpore a la agenda de directorio de este mes, el discutir los fundamentos de la nueva política medioambiental que debería de tener la organización.
Están en plena sesión de directorio y cuando toca discutir ese punto de la agenda, el presidente de directorio recuerda que él fundó la empresa hace más de 30 años y que hasta ahora, la política de medioambiente tenía que ver con cumplir la ley en esos aspectos, habiendo sido más bien siempre obsesivos con la calidad y la mejora continua en los procesos. Luego, el CEO comenta que hay un competidor que está haciendo “claims” sobre contar con productos más “eco-friendlies”, ganando participación de mercado a nuestras expensas, y que de además, las nuevas generaciones de colaboradores se preocupan más por trabajar en un lugar más cuidadoso con el medio ambiente.
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¿Cuál debería de ser la visión de la empresa hacia el medio ambiente y cómo se conecta con su propósito corporativo? ¿Podríamos obtener alguna ventaja competitiva adoptando prácticas sostenibles? ¿Qué cambios regulatorios podrían afectarnos en los próximos 5 años? ¿Qué entrenamiento e incentivos reciben nuestros colaboradores para alinear su trabajo con objetivos ambientales?
Deterioro Medioambiental
La posguerra trajo industrialización masiva, urbanización y globalización, mejorando notablemente el desarrollo económico y la calidad de vida de las personas, pero generando también un uso intensivo de los recursos naturales.
En las últimas cuatro décadas, el mundo ha experimentado un marcado aumento en los niveles de contaminación: emisiones de CO₂ significativamente más altas, concentraciones atmosféricas muy elevadas, constantes incrementos de temperatura y una expansión masiva en la producción y acumulación de plástico y microplásticos, cambios que tienen consecuencias muy serias para el clima, los ecosistemas y la salud humana.
La Sostenibilidad
En la Conferencia de Estocolmo en 1972 se reconoció que el desarrollo económico debía armonizarse con la protección ambiental y en 1987, la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo acuñó el término “desarrollo sostenible”, en referencia al desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades, lo que marcó un antes y un después en sensibilidad medioambiental, pues implicaba que la economía, a la sociedad y el medio ambiente debían integrarse.
Desde el 2015, el Acuerdo de París vincula a los Estados en la lucha contra el cambio climático mediante metas de reducción de emisiones, obligando indirectamente a las empresas porque los gobiernos trasladan esos compromisos en regulaciones, como es el caso de límites en emisiones. Hoy el concepto ESG (Environmental, Social & Governance) engloba a las acciones estratégicas y operativas que buscan reducir el impacto ambiental de las actividades de una empresa y a la vez generar valor económico y reputacional.
¿“Gasto” o parte de una política?
Más allá de acciones para cumplir el marco legal, hay quienes ven a la sostenibilidad ambiental como un “gasto” o como una acción aislada de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), sin que esté integrada en la estrategia del negocio. Ello lleva a tener acciones que pueden ser relevantes pero terminan siendo simbólicas y aisladas -como es el caso de plantar árboles o recolectar tapas de plástico para reciclaje-, en lugar de incorporarse a decisiones de producción, compras, logística, desarrollo de productos y pricing, con un impacto real en la cadena de valor de la empresa.
Según la encuesta “Tendencias en Sostenibilidad” de Ipsos del 2023, 7 de cada 10 peruanos creen que las empresas “hacen poco o nada” por el medio ambiente. Y según un estudio divulgado en el “Encuentro de Sostenibilidad de Ipsos Perú 2025”, menos del 20% de las grandes empresas peruanas reporta periódicamente sus impactos en sostenibilidad y sólo alrededor del 10% de las Pymes tienen compromisos similares.
Responsabilidad Intergeneracional
El filósofo político estadounidense John Rawls, considerado uno de los pensadores más influyentes del siglo XX en temas de justicia, ética y filosofía política, en “A Theory of Justice” (1971) defendió la idea de los derechos de las generaciones futuras y que debemos ahorrar y preservar recursos para que quienes nazcan después disfruten de condiciones justas de vida, a lo que llamó “el deber de ahorro justo entre generaciones”. Ese principio es la base filosófica que respalda la responsabilidad ambiental intergeneracional, pues no basta con dejar riqueza económica, sino también un planeta habitable, buscando que los beneficios del progreso actual no destruyan las oportunidades de las futuras generaciones.
A fines del siglo XIX, Alexander von Humbolt realizó varios viajes por el Perú y otros países sudamericanos, documentando cómo la deforestación, la agricultura intensiva y el drenaje de lagos alteraban directamente el clima local y los ecosistemas, advirtiendo cómo la acción del ser humano puede degradar el medio ambiente. Recordemos al célebre explorador y geógrafo prusiano cuando estemos re-pensando sobre el deber de nuestra empresa con la sostenibilidad ambiental, más allá de trabajar solo para evitar sanciones de organismos fiscalizadores o agregar una distinción más a nuestra marca.
¿Cómo puede el directorio propiciar una buena política de sostenibilidad?
| Estrategia | Integremos riesgos y oportunidades ambientales en la planeación estratégica, como es el caso del cambio climático, transición energética y economía circular. |
| No solo RSE | Definamos una visión ambiental alineada al core del negocio y no como apéndice de la RSE, aprobando un plan de sostenibilidad con objetivos de corto, mediano y largo plazo. |
| Cultura de Sostenibilidad | Impulsemos desde el directorio que la cultura organizacional valore la sostenibilidad. Dialoguemos con stakeholders como comunidades, reguladores, clientes y ONG, promoviendo la innovación verde en productos y procesos. |
| Marco regulatorio | Aclaremos los alcances del marco legal, pues al no considerar que la sostenibilidad ambiental está cada vez más regulada, correremos el riesgo de sanciones, pérdida de certificaciones o daños reputacionales que afectan el valor de la empresa. |
| Gestión de riesgos | Incluyamos el cambio climático como riesgo estratégico en el mapa de riesgos del directorio, evaluando escenarios regulatorios, como es el caso de impuestos al carbono o restricciones ambientales futuras. Evaluemos incorporar “seguros verdes” y fondos de contingencia frente a pasivos ambientales. |
| Visión de largo plazo | Evitemos centrarnos solamente en proteger los resultados inmediatos y postergar inversiones en sostenibilidad que muestran retornos en el mediano y largo plazo. Conectemos a la sostenibilidad con la continuidad del legado familiar. |
| Know-how | Busquemos ayuda ad-hoc, pues sin voces expertas, tomaremos decisiones reactivas o poco informadas frente a regulaciones, estándares o expectativas del mercado. |
| KPIs claros y medibles | Evitemos tener objetivos generales -como “ser más verdes” o “cuidar el medio ambiente”- sin indicadores concretos, como es el caso de la reducción del consumo de energía o emisiones o residuos. Sin KPIs objetivos, no podremos evaluar avances. |
| Incentivos al desempeño | Relacionemos los resultados en KPIs ambientales con los bonos e incentivos de los directivos, monitoreando los beneficios financieros, como es el caso de la reducción de costos energéticos, acceso a capital verde o la reputación frente a inversionistas. |
| Gestión del cambio | Gestionemos bien el cambio, pues en muchas empresas puede existir resistencia a modificar prácticas productivas, incluso si estas son ambientalmente obsoletas, priorizando la continuidad de “cómo siempre se ha hecho” sobre la adaptación a nuevas exigencias. |
SOBRE EL AUTOR:
César Antúnez de Mayolo es profesor de Pacífico Business School y director independiente de empresas.
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
