El futuro digital del Perú no se definirá por quién adopta más herramientas, sino por quién sabe integrarlas mejor a su estrategia, a su cultura y a su gente. La inteligencia artificial, los datos y la resiliencia son piezas de un mismo rompecabezas, dice Rodolfo Armellini, gerente general de Kyndryl para Latinoamérica Suroeste.

La transformación digital en el Perú se siente en todas partes. Hoy tenemos más acceso a internet, más herramientas basadas en inteligencia artificial y una presión constante por adoptar lo último que aparece en el mercado. Sin embargo, después de trabajar con empresas de distintos sectores, he aprendido que ir más rápido no siempre significa ir mejor. Muchas organizaciones están incorporando tecnología antes de estar realmente preparadas para aprovecharla.

El Readiness Report 2025 de Kyndryl lo resume bien: la tecnología avanza a una velocidad que supera la capacidad de adaptación de las empresas. De hecho, solo el 31 % de las organizaciones a nivel global se considera hoy completamente preparada para enfrentar los riesgos externos, a pesar de las crecientes inversiones en digitalización. Vivimos en un entorno donde todo cambia —los consumidores, los modelos de negocio, las amenazas digitales— y eso nos obliga a tomar decisiones cada vez más complejas. Lo que definamos hoy sobre digitalización marcará la competitividad de nuestras organizaciones y, en buena medida, el desarrollo del país en los próximos años. 

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La inteligencia artificial es un buen ejemplo de este dilema. Casi todas las empresas tienen algún piloto en marcha: un chatbot, un modelo de analítica, una automatización pequeña. El problema aparece cuando se intenta escalar. Ahí descubrimos que no basta con la herramienta: hacen falta datos confiables, equipos preparados y reglas claras para usarla con responsabilidad. Sin esa base, la IA se queda en una promesa atractiva pero frágil.

Algo similar ocurre con la nube. Nos ha dado agilidad y flexibilidad, pero la adopción acelerada ha dejado, en muchos casos, arquitecturas desordenadas y difíciles de gestionar. El siguiente paso no es sumar más plataformas, sino integrarlas mejor y construir entornos híbridos que combinen seguridad, control y capacidad de crecimiento.

A esto se suma la ciberresiliencia. Cada vez vemos más interrupciones, ataques y fallas que impactan directamente en el negocio. En Perú, proteger la operación ya no es un tema solo del área de TI: es una decisión estratégica. Modernizar sistemas y automatizar procesos no solo reduce riesgos, también permite innovar con mayor tranquilidad.

Y, por supuesto, están las personas. Ninguna transformación se sostiene si el talento queda atrás. La inteligencia artificial está cambiando la forma de trabajar y eso genera incertidumbre, pero también oportunidades. Capacitar, acompañar y desarrollar nuevas habilidades es tan importante como invertir en tecnología. Sin ese componente humano, cualquier proyecto digital se vuelve un cascarón vacío.

Quizá el reto más grande sea aprender a equilibrar la urgencia con la mirada de largo plazo. La presión por resultados inmediatos puede hacernos perder el norte. Necesitamos líderes de negocio y tecnología conversando en la misma mesa, construyendo una hoja de ruta que permita avanzar con velocidad, pero también con sentido.

El futuro digital del Perú no se definirá por quién adopta más herramientas, sino por quién sabe integrarlas mejor a su estrategia, a su cultura y a su gente. La inteligencia artificial, los datos y la resiliencia son piezas de un mismo rompecabezas. Entender cómo encajarlas será la verdadera diferencia en la próxima década.

Sobre el autor:

Rodolfo Armellini es gerente general de Kyndryl para Latinoamérica Suroeste.

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