La lealtad es el resultado de cómo un cliente pasa de probarnos a elegirnos, de elegirnos a preferirnos, y de preferirnos a recomendarnos. Ese recorrido no ocurre porque lancemos un programa. Ocurre por una experiencia consistente y por un vínculo que se construye en el tiempo, dice Anita Figueiredo, cofundadora de Proteína Marketing.
Abrís una app y te aparece el cartelito:»Tus puntos vencen en 48 horas». Entrás, mirás los beneficios, no entendés bien qué podés canjear ni site conviene. Terminás la interacción más frustrado que antes. Eso no es lealtad. Eso es una mecánica que no le sirve a nadie.
Conozco ese loop de cerca. Las millas de aerolíneas que van a vencer y cuyo canje conveniente parece requerir un doctorado. Los carteles de «30% de descuento» del banco que tienen un tope de reintegro tan bajo que la alegría dura exactamente dos segundos antes de que llegue la desilusión.
Al mismo tiempo, hay marcas a las que volvemos una y otra vez sin siquiera saber sitienen un programa de beneficios. Volvemos porque cumplen. Porque confiamos. Porque sabemos qué esperar. Porque nos reconocen. O porque tienen una app que no solo nos recompensa, sino que hace visible que estamos avanzando, que nos acompaña.
Esas dos experiencias son completamente distintas. Y esa distinción es exactamente la pregunta que todo marketer debería hacerse: ¿estamos construyendo lealtad o estamos administrando una mecánica de retención?
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LA LEALTAD NO ES UN PROGRAMA
En muchos equipos, loyalty es sinónimo de programa: puntos, niveles, cashback, descuentos. Como si la lealtad empezara cuando la empresa decide poner una recompensa sobre la mesa. Un programa puede ser una herramienta, pero nunca define por sí solo la existencia de lealtad.
Hay que separar conceptualmente dos cosas que solemos mezclar: la compra repetida y la verdadera preferencia. La compra repetida puede ser inercia, conveniencia o falta de alternativas. La preferencia es otra cosa: es una decisión activa que el cliente toma aunque tenga opciones disponibles. Un cliente que nos elige aunque tenga alternativas atractivas es un cliente leal. Un cliente que nos compra porque somos los únicos o porque ya se siente rehén, no necesariamente.
La lealtad es el resultado de cómo un cliente pasa de probarnos a elegirnos, de elegirnos a preferirnos, y de preferirnos a recomendarnos. Ese recorrido no ocurre porque lancemos un programa. Ocurre por una experiencia consistente y por un vínculo que se construye en el tiempo.
CUATRO PALANCAS REALES PARA CONSTRUIR LEALTAD
Después de años trabajando en esto con clientes de distintas industrias, identifiqué cuatro elementos que construyen lealtad. No son los únicos, pero son los que más impacto tienen cuando se trabajan bien.
1) Valor sostenido, no incentivos puntuales. La lealtad se construye cuando el cliente siente que eligió bien, no una vez, sino en cada interacción. Eso requiere que el producto o servicio cumpla su promesa de manera consistente. Un descuento no compensa una mala experiencia. Y los programas de beneficios no compensan una propuesta de valor débil. Lo que fideliza, en el largo plazo, es la percepción de que la marca me resuelve algo mejor que las alternativas disponibles.
2) Experiencia que reduce la fricción. La facilidad es un activo de marca. Cuando una marca hace que sea simple elegirla, simple pagar, simple reclamar, simple volver, el cliente no tiene que hacer un esfuerzo cognitivo para quedarse. Eso reduce el costo de la lealtad. Muchos programas hacen lo contrario: suman pasos, condiciones, letras chicas y topes de reintegro que generan frustración. La experiencia diseñada para retenertermina alejando.
3) Reconocimiento, no recompensa transaccional. Hay una diferencia entre sentirme recompensado y sentirme reconocido. La recompensa es transaccional: hice esto, me dan aquello. El reconocimiento es relacional: la marca sabe quién soy, entiende mi comportamiento, me trata de manera diferenciada no porque pagué más, sino porque me conoce. Eso genera vínculo emocional. Y el vínculo emocional es lo que hace que el cliente no se vaya aunque aparezca una alternativa más barata.
4) Progreso visible. Las marcas que retienen mejor no solo recompensan. Hacen visible que el cliente está avanzando. Eso puede ser un nivel en un programa, un historial de logros, una métrica personal. El cerebro humano responde al progreso: cuando vemos que avanzamos, queremos seguir. Los mejores programas no nos hacen sentir que nos dan algo. Nos hacen sentir que nos acompañan. La diferencia parece sutil, pero en la experiencia del cliente es enorme.
LA LEALTAD TIENE ROI, Y ES POSIBLE MEDIRLO
Hablar de lealtad no es hablar de algo blando o intangible. La lealtad es frecuencia, margen, ciclo de vida del cliente,tasa de recomendación,tasa de reactivación y capacidad de recuperación después de una falla.
El cliente leal compra más veces. Acepta precios premium. Recomienda sin que se lo pidan. Y, cuando algo sale mal, nos da una segunda oportunidad. Ese perfil de cliente no aparece por accidente. Aparece cuando la organización tiene una estrategia deliberada
de desarrollo de clientes, no solo de adquisición.
El problema es que en marketing hablamos mucho de adquisición: cómo traer clientes, cómo bajar el CAC, cómo convertir. Pero para la mayoría de los negocios ya establecidos, la palanca más importante no es traer más clientes nuevos. Es desarrollar mejor a los que ya llegaron. Lograr que entiendan mejor nuestro valor, que nos elijan con más frecuencia, con más confianza, con más convicción.
Crecer no es solo adquirir clientes. Para hacer sustentable el negocio necesitamos, especialmente, desarrollar mejor a los clientes que ya llegaron.
Construir lealtad no es un programa. Es una decisión de negocio que impacta en cada punto de contacto con el cliente. Y las empresas que lo hacen bien no lo hacen porque tienen una app con puntos. Lo hacen porque decidieron que el valor del cliente en el tiempo importa más que la venta de hoy.
Sobre la autora:
Anita Figueiredo es cofundadora de Proteína Marketing y coautora de «Playbook: Marketing para Marketers».
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
