Ante un escenario climático cada vez más impredecible, las empresas peruanas están llamadas a convertir la resiliencia logística en una decisión de negocio, señala Iván Sánchez, Chief Operating Officer de Ransa Perú.

En el Perú y en la región, los cambios climáticos extremos han pasado de ser situaciones excepcionales a una variable a considerar en el entorno empresarial. Prueba de ello son las proyecciones del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), que contempla en el Presupuesto Público 2027 más de S/ 2.489 millones para la prevención ante el Fenómeno El Niño, enfocados en proteger y reforzar la infraestructura nacional. Este escenario demuestra cómo el clima influye en las vías de tránsito, el transporte y el suministro de insumos esenciales. Ante este desafío, más que reaccionar ante imprevistos, es indispensable evolucionar hacia una planificación preventiva donde la resiliencia logística se consolide como un pilar estratégico para asegurar la continuidad del negocio y el abastecimiento del mercado.

Afrontar este escenario de riesgo exige estructurar planes de contingencia integrales, basados en diagnósticos exhaustivos de riesgo, monitoreo continuo y una estrecha articulación entre todos los actores de la cadena de suministro. Estrategias como la evaluación previa de infraestructuras vulnerables, la diversificación de rutas logísticas alternas, el uso de almacenes distribuidos y una planificación rigurosa de inventarios permiten mitigar los efectos de lluvias, huaicos e inundaciones. En este contexto, y según el informe de condominio de almacenes de RE Propiedades, la demanda por capacidad de almacenamiento mantiene una tendencia creciente. En Lima, durante 2025 se incorporaron más de 110.000 m² de nuevos almacenes y para 2026 se proyecta el ingreso de más de 120.000 m² adicionales, principalmente en Callao, Ventanilla, Villa El Salvador y Lurín, con más del 50% de estas ampliaciones ya comprometidas o en negociación.

Este panorama también resalta la importancia de disponer de soluciones de almacenamiento estratégicamente ubicadas y con capacidad flexible para mitigar contingencias en las cadenas de abastecimiento. En esa línea, la labor de los operadores logísticos como socios estratégicos se vuelve determinante. Su aporte cobra especial relevancia al atender requerimientos clave, como el almacenamiento y distribución con control de temperatura para sectores sensibles, o al dar soporte en acciones de logística humanitaria y de emergencia.

Lea también: PepsiCo quiere convertir al Perú en un negocio de US$1.000 millones y en un referente mundial en la categoría de alimentos

Una cadena de suministro debidamente preparada no solo reduce daños físicos en instalaciones, flotas y mercancías, sino que acelera el restablecimiento de los flujos operativos, reduciendo el sobrecosto financiero derivado de las paralizaciones. Asimismo, la preparación previa permite diseñar soluciones logísticas a medida según el impacto específico en cada industria. En el consumo masivo, evita el desabastecimiento de bienes de primera necesidad y la alteración de los precios finales; en el retail, previene la paralización de las entregas e-commerce y los quiebres de stock en tienda, asegurando el cumplimiento hacia el cliente; mientras que, en la agroexportación, resguarda la cadena de frío y evita la pérdida de cargamentos perecibles ante bloqueos de carreteras o retrasos en los puertos, garantizando los compromisos comerciales.

En este proceso, la tecnología actúa como un catalizador determinante. De acuerdo con una encuesta global de PwC, solo el 12% de las compañías ya ha adaptado sus operaciones para fortalecer su resiliencia, mientras que el 88% restante aún se encuentra en proceso de transición. Este escenario evidencia que, si bien las organizaciones reconocen la necesidad de transformar sus capacidades, todavía existe una brecha importante entre la intención y la implementación. La tecnología puede contribuir a cerrar esa brecha al permitir una mayor visibilidad de la cadena de suministro, anticipar escenarios de riesgo, optimizar rutas y redistribuir recursos críticos antes de que una interrupción afecte las operaciones. Sin embargo, su verdadero valor no radica únicamente en la herramienta, sino en su integración dentro de una estrategia transversal de gestión de riesgos y un liderazgo operativo capaz de convertir los datos en decisiones oportunas.

Los eventos climáticos deben incorporarse de forma definitiva en la planificación estratégica corporativa. Las organizaciones que invierten en fortalecer la resiliencia de sus cadenas de suministro aseguran su continuidad operativa y construyen una ventaja competitiva sostenible. En esta transformación, la sinergia con operadores logísticos especializados aporta la experiencia, infraestructura y flexibilidad requeridas para convertir la prevención en un activo de valor, garantizando el compromiso con los clientes y contribuyendo al desarrollo de un mercado más adaptable frente al riesgo climático.

Sobre el autor

Iván Sánchez es Chief Operating Officer de Ransa Perú.

Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.