El fenómeno de El Niño ya no debe ser visto únicamente como un evento meteorológico. También constituye una prueba de la capacidad de gestión de riesgos de las organizaciones y de la efectividad de sus órganos de gobierno corporativo, dice Iván Frías, socio de Auditoría de EY Perú.
Cuando se habla del fenómeno de El Niño, la mayoría de los ejecutivos piensa en inundaciones, interrupciones en la cadena de suministro, afectaciones en la infraestructura o pérdidas de producción. Sin embargo, existe un aspecto menos visible que puede tener un impacto igual o incluso mayor para una empresa: sus efectos sobre los estados financieros.
Las consecuencias económicas de un evento climático extremo no se reflejan únicamente en las operaciones, sino que también pueden obligar a las compañías a reconocer pérdidas, registrar provisiones, la revisión de estimaciones contables y la revaluación de la capacidad de la entidad para generar flujos de efectivo y utilidades futuras. En otras palabras, el Fenómeno El Niño puede cambiar sustancialmente lo que muestran los estados financieros y la percepción de riesgo de inversionistas, bancos y acreedores.
En este contexto, los directorios tienen la responsabilidad de anticipar y supervisar los posibles efectos que el deterioro del entorno económico y operativo podría generar sobre las estimaciones y juicios contables significativos utilizados en la preparación de los estados financieros.
- Activos que podrían tener un menor valor al registrado en libros
Uno de los primeros aspectos que debería evaluar el Directorio es la posibilidad de que determinados activos hayan perdido valor.
Una reducción en la producción (por ejemplo, menores capturas pesqueras), interrupciones prolongadas de operaciones o una disminución de la demanda pueden afectar la capacidad de las empresas de generar flujos de efectivo futuros. Cuando esto ocurre, activos como plantas industriales, embarcaciones, maquinaria, infraestructura o determinadas líneas de negocio podrían requerir una evaluación de deterioro para determinar si su valor en libros continúa siendo recuperable.
La pregunta clave para el Directorio es simple: ¿los activos siguen generando el valor económico que justificó su inversión original?
- Impuestos diferidos que podrían no ser recuperables
Las pérdidas tributarias y la reducción de las utilidades tributarias futuras esperadas durante periodos de crisis pueden poner en cuestionamiento la recuperabilidad de los activos por impuesto diferido reconocidos en los estados financieros. Es común que algunas empresas mantengan pérdidas tributarias arrastrables o diferencias temporarias deducibles que solo pueden recuperarse si generan suficientes utilidades futuras. Si las proyecciones de negocio cambian por efecto del Fenómeno El Niño, la administración podría verse obligada a reevaluar los supuestos utilizados y, de ser necesario, ajustar el importe reconocido de dichos activos.
Para los Directorios, este tema merece especial atención porque los activos tributarios suelen depender de estimaciones de largo plazo y escenarios futuros de rentabilidad.
- Inventarios y activos biológicos sobrevalorados
En el sector agrícola, los riesgos son particularmente relevantes.
Las inundaciones, plagas, cambios de temperatura, excesos de humedad o pérdidas de productividad pueden afectar el valor de cultivos, plantaciones y otros activos biológicos. Asimismo, los productos agrícolas almacenados pueden experimentar deterioros físicos o caídas en sus precios de comercialización.
En estos casos, las empresas deben revisar si el valor registrado continúa siendo recuperable o si corresponde reconocer pérdidas por desvalorización.
Ante este escenario, la pregunta para el directorio es clara: si fuera necesario vender hoy estos activos, ¿se obtendría realmente el valor que reflejan los estados financieros?
- Provisiones y contingencias que no siempre son visibles de inmediato
Las consecuencias de un evento climático no terminan cuando cesan las lluvias. Frecuentemente surgen costos adicionales derivados de incumplimientos contractuales, retrasos en entregas, penalidades con clientes, renegociaciones comerciales, demandas legales o eventuales obligaciones ambientales.
Aunque muchas veces estos riesgos no son evidentes de inmediato, pueden convertirse rápidamente en pasivos relevantes para las empresas.
Por ello, el Directorio debe asegurarse de que la administración haya identificado oportunamente todas las contingencias derivadas del evento climático y evaluado si existe una obligación presente que requiera el reconocimiento de provisiones en los estados financieros.
- Liquidez y negocio en marcha: el riesgo que preocupa a inversionistas y entidades financieras
Probablemente el riesgo más sensible para cualquier Directorio sea la capacidad de la empresa para continuar operando de manera normal.
Menores ingresos, mayores costos de producción, retrasos en las cobranzas y necesidades adicionales de financiamiento pueden generar presiones significativas sobre la liquidez.
En escenarios severos, la administración debe evaluar si existen incertidumbres materiales que puedan afectar la continuidad del negocio, la capacidad de cumplir con sus obligaciones financieras, el cumplimiento de covenants y el riesgo de incumplimiento de pago.
Para los acreedores y entidades financieras, esta evaluación constituye uno de los principales indicadores de la solidez financiera y la resiliencia de una empresa.
Más allá del clima: una prueba para el gobierno corporativo
El fenómeno de El Niño ya no debe ser visto únicamente como un evento meteorológico. También constituye una prueba de la capacidad de gestión de riesgos de las organizaciones y de la efectividad de sus órganos de gobierno corporativo.
Los Directorios que supervisen oportunamente estos cinco riesgos estarán en mejores condiciones de tomar decisiones informadas, proteger el patrimonio de la empresa y transmitir confianza a inversionistas, entidades financieras y demás grupos de interés.
En un entorno donde los eventos climáticos extremos son cada vez más frecuentes, la verdadera diferencia no estará en quién enfrenta el riesgo, sino en quién logra anticiparlo y gestionarlo adecuadamente.
Sobre el autor
Iván Frías Lizama es socio de Auditoría de EY Perú.
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