Aunque su adopción todavía es incipiente, la electromovilidad tiene mucho que ofrecer a la minería peruana, especialmente en el transporte de materiales y la explotación. La digitalización de las operaciones y de la gestión de la energía en las mineras permitiría aprovecharla aún más.
Hablar de electromovilidad en el mundo hoy ya no es novedoso. Las ventas de vehículos eléctricos o híbridos siguen creciendo en muchos mercados. Sin embargo, en el terreno industrial latinoamericano, la adopción de estas tecnologías es todavía incipiente. Pese a ello, en el caso de la minería peruana, el potencial de su uso para volver más eficientes y sostenibles las operaciones es elevado.
En Perú, la electromovilidad todavía se circunscribe a proyectos piloto u operaciones peque- ñas por parte de las empresas. Como explica Nain Ramos, director de la carrera de Ingeniería Biomédica y Mecatrónica de la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL), la minería peruana ha incorporado la electromovilidad de manera progresiva, pero aún selectiva. Para el catedrático, ha evolucionado desde iniciativas piloto hacia una integración operativa más estructurada. Explica que el proceso está siendo lide- rado principalmente por grandes grupos mineros que tienen estrategias claras de descarbonización y acceso a infraestructura energética renovable.
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De acuerdo con Orlando Lara, SAM Mining Minerals Metals Regional Segment Leader de Schneider Electric, el avance de la electromovilidad está directamente condicionado por la capacidad de la infraestructura energética, ya que integrar nuevas soluciones de movilidad eléctrica implica repensar cómo se distribuye, gestiona y optimiza la energía dentro de la operación. “Este proceso está estrechamente ligado a la integración entre sistemas eléctricos y procesos industriales, incorporando soluciones de electrificación y digitalización que permiten gestionar la energía de forma más eficiente y garantizar la estabilidad operativa”, afirma.
En este contexto, se han dado avances dignos de destacar. Por ejemplo, el año pasado, Compañía Minera Antapaccay anunció la adquisición de una flota de buses 100% eléctricos para el transporte de personal. Otras mineras locales, como Quellaveco, Mina Justa y Antamina, también han anunciado el uso de este tipo de unidades en sus operaciones.
BENEFICIOS PARA LAS OPERACIONES
¿Qué ha impulsado el interés por esta tecnología? Según explica Elmer Ramírez, docente de Ingeniería de la Energía en UTEC, las empresas mineras consideran que migrar a la electromovilidad es fundamental para contribuir con la transición energética. Además, asegura que con el uso de esta tecnología se contribuye a la salud de sus trabajadores, se evita la contaminación y se logran ahorros económicos. Lara coincide y explica que la electrificación permite reducir emisiones y mejorar la eficiencia, especialmente cuando se integra con sistemas de gestión energética que facilitan el monitoreo y la optimización del consumo en tiempo real. “El valor no está solo en el cambio de tecnología, sino también en su integración dentro de un sistema energético más inteligente, donde la convergencia entre energía y procesos permite optimizar el desempeño de toda la operación”, asegura.
Ramos señala que, desde el punto de vista económico, la eficiencia es determinante: los motores eléctricos tienen hasta un 90% menos de piezas móviles que los de combustión, lo que reduce significativamente el mantenimiento, y permiten ahorros operativos estimados entre 50% y 80% frente a flotas diésel. Además, asegura que en entornos como los Andes el frenado regenerativo convierte la energía potencial en electricidad, optimizando aún más el consumo. En términos operativos, el representante de la USIL afirma que los vehículos eléctricos ofrecen ventajas críticas en altura, ya que no dependen del oxígeno, por lo que evitan la pérdida de potencia típica de los motores diésel y garantizan un torque constante, lo que mejora la productividad del ciclo de acarreo.
“Desde el enfoque de mercado y sostenibilidad, la electromovilidad permite producir ‘cobre verde’, con menor huella de carbono certificable, lo cual facilita el acceso a financiamien- to preferencial y mejores precios internacionales, en un contexto de creciente presión regulatoria —como las normativas Euro VI— que encarecen y limitan el uso de tecnologías convencionales. De esa forma, se consolida a la electromovilidad como un eje clave de competitividad en la minería moderna”, destaca Ramos.
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INTERÉS Y POTENCIAL LOCAL
Los especialistas coinciden en que el mayor potencial de la electromovilidad en el país es para el transporte de material. “[Esta actividad] representa aproximadamente el 70% de las emisiones de una operación minera. Por ello, la electrificación de flotas de ca- miones —ya sea mediante sistemas trolley o soluciones 100% eléctricas a batería— es el principal vector de impacto en términos de descarbonización y eficiencia operativa”, dice Cecilia Menéndez, senior account manager & eMine sales specialist de ABB Perú.
Ramírez, de la UTEC, menciona que también hay espacio para usar esta tecnología en la extracción de mineral. En eso coincide Ramos, de la USIL. “En la etapa de explotación, el mayor potencial inmediato se encuentra en la minería subterránea, considerada el sweet spot, donde equipos como LHD, jumbos y camiones eléctricos a batería generan importantes beneficios en ventila- ción, seguridad y reducción de costos operativos. En minería a tajo abierto, el avance se orienta al transporte interno y acarreo en rampas mediante sistemas trolley assist o camiones eléctricos (BEV), optimizando el consumo de diésel en los tramos de mayor demanda energética”, dice.
Ramos también destaca que la electromovilidad ya se extiende a la logística y servicios auxiliares (grúas, montacargas), y su mayor proyección futura radica en su integración con la automatización, lo que permitiría el desarrollo de flotas autónomas eléctricas y sistemas de monitoreo predictivo basados en IoT. Ello, a su vez, consolida su rol como tecnología clave en la minería inteligente, dice el catedrático.
De acuerdo con Menéndez, sin embargo, las oportunidades que genera la electromovilidad pueden ir más allá de los camiones y están en toda la cadena de valor minera. “Estamos viendo un potencial creciente en toda la cadena: desde equipos auxiliares y perforación, hasta sistemas de ventilación y transporte continuo. Cada uno de estos procesos, al electrificarse, reduce emisiones y mejora la eficiencia energética, la confiabilidad de los activos y las condiciones de operación para las personas”, menciona.
Para acelerar la adopción de electromovilidad en minería es necesario fortalecer la infraestructura eléctrica y avanzar en la digitalización de la gestión energética, coinciden los especialistas. Más que una implementación aislada, dice Lara, de Schneider Electric, se trata de integrar la electromovilidad dentro de una estrategia más amplia de electrificación y automatización que permita asegurar eficiencia, continuidad operativa y sostenibilidad. “Vemos que las operaciones que avanzan en esta línea son aquellas que adoptan un enfoque integral, donde la energía y los procesos se gestionan de manera conjunta para habilitar una transición ordenada y escalable”, finaliza.
