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Cómo aplicar la fórmula ¡ehh! para que tu equipo gane en felicidad y alto rendimiento

Sembrar el “ego saludable” entre tus colaboradores promoverá la empatía, el hambre por la superación y la sostenibilidad de los proyectos.

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Más que nunca necesitamos equipos resilientes y eficientes. Para conseguirlo hay que hacerse con una de las llaves maestras que abren la puerta donde se encuentran los elementos del combinado que hace exclamar a todos  ¡EHH! y se convierten de forma mágica de equipos más o menos comunes a equipos brillantes.

Con esta fórmula se empieza a recorrer el camino haciendo que todos y cada uno de los miembros del equipo tenga un mismo corazón, se sepan y se sientan formando parte de un todo mayor. Por muy estrellas que sean por separado, entienden y entrenan para conseguir esta base precisamente ¡para no estrellarse!

Mantener el mismo objetivo en mente y crear entre ellos relaciones interpersonales saludables y robustas marca la diferencia entre un grupo y un equipo, que es de alto rendimiento cuando se entiende de verdad (que es más profundo que comunicarse bien)

Leyendo Equipos ideales de P. Lencioni, autor que siempre me aporta y autor al que admiro profundamente, me inspiró la fórmula mágica ¡EHH! Cada miembro del equipo ha de trabajarse internamente para desarrollarse en plenitud como persona. Curarse con humildad para tener un ego saludable, crecer como profesional con hambre de saber y de aprender de todos y de todo, arrimando el hombro cuando hace falta dar un empujón a un proyecto y manteniendo el orden de prioridades para parar y ser ecológico consigo mismo.

El afán de servicio que nace de esas dos cualidades mágicas: humildad y hambre es capaz de crear relaciones estables a través de la empatía. Ese jugador de equipo brillante no se deja llevar de la simpatía o antipatía que pueda hacerle sentir -a veces sin querer- alguna persona.

Pone en marcha su poder interno para posicionarse: ¡Aquí mando yo! ¡Paro y pienso! y -como venimos diciendo en artículos anteriores- es capaz de sumar las diferencias dándose cuenta de que cada cerebro, cada persona,  es única y está condicionada por sus propios sesgos, por eso las relaciones enriquecen cuando quiero tener y tengo un mirada apreciativa sobre el otro, sobre lo diferente, que lleva como consecuencia a parar los juicios y a aprender a mirar desde la posición del otro. Así se crece en empatía cognitiva, que -siempre, siempre, siempre, siempre, siempre- suma y hace las relaciones positivas.

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En resumen:

El ego saludable, lleva a conocerse en lo que marcha y a dar gracias por ello con naturalidad, poniéndolo al servicio del equipo. Acepta con la misma naturalidad el feedback de mejora, sin victimismos ni quejas, también con gratitud. Esta actitud humilde consigue que las relaciones con los demás sean fluidas y enriquecedoras. La escucha se hace más fácil, no es necesario demostrar lo valiosos que somos, la confrontación por la confrontación o el querer tener razón e imponerse a los demás, ya que todos nos sabemos y sentimos valiosos. Perfectos en nuestra imperfección.

El hambre de conocimiento evita el conformismo, mueve a la innovación, a la superación de la pereza y a la tendencia a mantenerse en la zona de confort y facilita la sostenibilidad de los proyectos. Además, favorece el servicio y darse con generosidad cuando el fin del equipo así lo precisa. Cuando hay que trabajar más lo hace sin victimismos con el convencimiento de que ese plus de esfuerzo también conlleva un mayor desarrollo personal y profesional. Como su ego es saludable sabe poner medida y no se excede de más cuando no es imprescindible, sabe parar sin  miedo a quedar mal. Es sencillo y asertivo.

La empatía permite ser dueño de nuestras emociones, controlar el pensamiento para huir de lo que separa, buscar las buenas intenciones y lo que une y ser capaz de dialogar sobre los hechos, sin juicios negativos, para entender de verdad a los otros y llegar a soluciones de forma creativa y de manera ágil, pues esta actitud favorece la confianza y crea un clima psicológico seguro donde la gente habla y escucha de forma abierta y donde no falta el sentido del humor y la celebración.

No podemos dejar solos a nuestros equipos, hay que facilitarles los recursos para que puedan acceder a la fórmula EHH con la llave maestra.

Por Reyes Rite

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*La autora es directora ejecutiva de la Consultora del Desarrollo del talento humano Integrando Excelencia y Presidenta de Iryde.  En la última década ha seguido el proceso de transformación y desarrollo de la resiliencia personal y organizacional aplicando la metodología GPR © con cientos de empresas y altos ejecutivos en Europa y Latinoamérica. Autora del libro ¡Aquí Mando yo! Un espectacular viaje de la Resiliencia a la Ilusión  ha recibido distinguidos premios y reconocimientos por su aportación profesional en el ámbito empresarial como la Medalla Europea aql Mérito en el Trabajo otorgada por la AEDEEC.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes. 

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