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Especial educación | Startups: ¿Cuánto ha crecido el ecosistema emprendedor en las universidades?

El ecosistema emprendedor universitario público y privado está en expansión en Perú. No solo comienza a especializarse e internacionalizarse atrayendo startups extranjeras, sino que también explora modelos para su autosostenibilidad financiera.

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Así es como el ecosistema emprendedor está moldeando a nuevas startups locales y atrayendo a otras extranjeras
Foto: Pexels

Seguro le suenan algunos de estos emprendimientos. Manzana Verde, Mandü, Fitness Pass (ahora Holos), Sicurezza, Juntoz, Smart Doctor. Quizá no lo sepa, pero estos negocios fueron incubados o acelerados en universidades peruanas.

En efecto, según ProInnóvate, hasta inicios de agosto pasado, de las 93 universidades licenciadas por la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu), 41 había postulado a fondos estatales para fortalecer o promover el despegue comercial de emprendimientos. De estas, 20 los obtuvieron. Es decir, accedieron a un capital de alrededor de S/ 600.000 por tres años para crecer.

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No ha sido un despegue espontáneo. La ley universitaria promueve la creación de espacios dedicados a la generación de micro y pequeñas empresas de los estudiantes. Esta regulación también fomenta que las entidades educativas elaboren reglamentos y fijen metas de desempeño, explica Jorge Inche, director de 1551, la incubadora de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), la universidad más antigua de América.

Justamente, 1551 —que debe su nombre al año de fundación de la UNMSM— estableció sus propios objetivos: en 2022: desarrollar productos mínimos viables para 25 startups y seleccionar 10 ‘spin-off’ (proyectos de investigación con potencial comercial).

Desde que inició sus operaciones en 2017, la incubadora de la universidad estatal ha apalancado entre 150 y 160 startups y unos 30 spin-off, precisa el director. Además, ha asesorado hasta 24 universidades públicas de diferentes ciudades del país en la organización, gestión y creación de programas de incubación. También acompaña la conformación de centros de innovación al interior de la UNMSM, como el de bionegocios en la Facultad de Biología.

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Hacia la especialización

Aunque la mayoría de las incubadoras son, en jerga emprendedora, ‘agnósticas’ (lo que quiere decir que incuban o aceleran ideas de negocio de todo giro), ya empiezan a surgir y consolidarse aquellas con foco en temáticas o sectores particulares. Por ejemplo, Incubaagraria, de la Universidad Nacional Agraria La Molina, está enfocada en el aprovechamiento de la biodiversidad. El Hub Green, de la Universidad de Piura (UDEP), se concentra en soluciones para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con base en el cambio climático. Por su lado, “La Mezcladora”, de UTEC Ventures en la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC), reúne empresas del sector enfocadas en crear soluciones para el déficit de vivienda en el país.

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Y eso no es todo. En s360, la incubadora de la Universidad Privada Antenor Orrego (UPAO), en Trujillo, impulsan el programa “Cowtech”, para transformar y hacer sostenible y competitiva la ganadería tradicional. Por otro lado, en Emprende UP, de la Universidad del Pacífico (UP), en septiembre pasado se puso en marcha un programa de economía plateada, para emprendimientos que promuevan la empleabilidad y la generación de ingresos de los adultos mayores. La UP coinvertirá, junto al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y en partes iguales, unos US$ 1,3 millones en esta iniciativa durante los próximos 3 años.

Además, la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) ha apostado por la incubación a través de Bioincuba, especializada en proyectos y negocios en ciencias de la vida y biotecnología. Y, recientemente, esta casa de estudios se alió a AstraZeneca para implementar en Perú el centro de innovación número 21 de la farmacéutica inglesa en el mundo.

“En Perú, queremos trabajar con retos abiertos a necesidades latentes del sistema [de salud], donde puedan postular startups locales y, de acuerdo con eso, conectarlos a la solución y que se pueda implementar rápidamente”, explica Paola Rivero, directora de tecnología digital e innovación de AstraZeneca para la región andina. La ejecutiva cuenta que han aterrizado el mismo modelo en Colombia. ¿En que qué tipo de soluciones se centrarán? Antes de responder, repara que se están definiendo las prioridades en salud en el país junto a las autoridades. Sin embargo, dice, en general, les gustaría acelerar el acceso a servicios, como el diagnóstico temprano de diferentes tipos de cáncer a través de telemedicina con inteligencia artificial.

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Apuesta global

Otra tendencia del ecosistema emprendedor universitario es que ha comenzado a atraer startups extranjeras. ProInnóvate está detrás del fenómeno. En efecto, en 2019, la institución lanzó el concurso StartUp Perú PLUG, que incentiva a las incubadoras y aceleradoras (no solo a las universitarias) a brindar servicios de softlanding (del inglés “aterrizaje suave”) en Perú a emprendimientos extranjeros. La iniciativa va por su tercera edición y, según informa ProInnóvate, sus ganadores serán ratificados a fines de este mes. A la fecha, un total de 38 startups extranjeras de ocho países latinoamericanos han ganado el concurso.

¿Cómo llegan las startups extranjeras a Perú? ¿Qué las atrae? En el caso de la incubadora del Centro de Innovación y Emprendimiento de la UDEP (Hub UDEP), esta entidad busca zonas “donde hay calidad de startups”, como México. Su director, Carlos Rodrich, explica que, a través de StartUp Perú PLUG, el hub ha acelerado a 11 startups y prevé recibir otras cuatro próximamente.

En tanto, el portafolio de UTEC Ventures cuenta con startups chilenas, argentinas, colombianas y bolivianas. “Lo hemos hecho fuera del programa de ProInnóvate”, distingue su director, José Deustua. El ejecutivo indica que, entre sus criterios de selección, está la visión de crecimiento regional. Al respecto, señala que las startups extranjeras que acogen llegan al país porque atienden industrias relevantes para Perú, como la minería, o porque son geográfica o culturalmente cercanas. “Ellos nos buscan a nosotros, en general, por recomendaciones”, acota.

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Esa aspiración por posicionarse en el mapa global de la innovación por parte de las incubadoras universitarias peruanas se trasluce en sus programas. Por ejemplo, el Hub UDEP, que integra los campus de Piura, Lima y la Escuela de Negocios PAD, es parte del programa Babson Collaborative, de la escuela de emprendimientos homónima en Estados Unidos, junto a una treintena de hubs de innovación universitarios del mundo. Por su lado, Innova UL, del Centro de Emprendimiento de la Universidad de Lima (UL), ha enviado startups a incubadoras en Colombia y planea desarrollar un programa con la aceleradora Rockstart, con sede en Bogotá, Ámsterdam y Copenhague, anuncia Hernando Zurita, director de esta entidad.

Estrategias de rentabilidad

Mientras se consolidan institucionalmente y fortalecen sus marcas y programas, el reto que hace sombra a la mayoría de las incubadoras universitarias en Perú es su propia sostenibilidad financiera. “Fuera de la inversión inicial, se debe contar con un modelo de negocio sostenible que financie estas actividades o con un presupuesto que permita que el financiamiento esté asegurado en el largo plazo”, opina Jose García Herz, presidente de la Asociación Peruana de Capital Semilla y Emprendedor (Pecap).

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Casi todas las incubadoras están trabajando para lograrlo. UTEC Ventures lo ha hecho a través de equity o inversión en las startups. Según explica Deustua, la UTEC cuenta con un fondo de inversión que coinvierte, junto a otros fondos de capital de riesgo, en los emprendimientos que incuban o aceleran. Precisa que han invertido alrededor de US$ 500.000 en 32 startups, logrando cuadruplicar el retorno. “La incubación y la aceleración no son un negocio. Somos una universidad sin fines de lucro. Lo hacemos más por ayudar a la sociedad. Pero los programas tienen que volverse autosostenibles”, refuerza el ejecutivo, quien agrega que la innovación abierta para empresas y los fondos estatales cierran su modelo.

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La incubadora Wichay UC, de la Universidad Continental (UC), también busca la independencia financiera. Del quechua “elévate”, Wichay nació en 2019, con el respaldo de ProInnóvate, y la pandemia los empujó a partir en modo virtual. “La incubadora nace como una startup en sí”, dice Franz Vásquez, su coordinador general. A la fecha, Wichay UC ha incubado 10 emprendimientos.

El año que viene esta entidad busca ser autosostenible en un 30% y en 2024 espera serlo en 60%, puntualiza Vásquez. Para ello, añade, lanzará un programa de innovación abierta para crear nuevas unidades de negocio en el sector privado. ¿Y en el público? “En el B2G [del inglés “Business to Government”], tienes que pasar por un montón de procesos para entrar como proveedor”, dice. Vásquez es optimista y considera que el impulso privado decantará en el público más temprano que tarde.

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