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Estas dos científicas liderarán un prometedor laboratorio que fabricará dispositivos médicos en Perú

La peruana Fanny Casado y la colombiana Sandra Pérez, ambas doctoras e ingenieras biomédicas, liderarán el nuevo laboratorio, el cual será inaugurado en septiembre y estará ubicado en el campus de la PUCP. Además de realizar investigaciones, este espacio de trabajo prestará servicios a empresas para desarrollar y verificar la calidad de equipos médicos.

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Estas dos científicas lideran el primer centro de desarrollo de dispositivos médicos del Perú
Las científicas Sandra Pérez (izquierda) y Fanny Casado (derecha). Foto: Karen Candiotti/ Forbes.

La pandemia por covid-19 aceleró la demanda de dispositivos médicos en todo el mundo. Sin embargo, la escasez de estos equipos puso en aprietos a los mercados importadores como el de Perú, país que fabrica el 4% del total que consume, según el Gremio de Salud (ComSalud) de la Cámara de Comercio de Lima.

Justamente, en septiembre, la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y el Instituto Tecnológico de la Producción (ITP) inaugurarán un laboratorio de dispositivos médicos como parte de la red de los Centros de Innovación Productiva y Transferencia Tecnológica (CITE).

Se trata de un espacio de 120 metros cuadrados ubicado en el campus de la PUCP. En este laboratorio se podrán crear insumos quirúrgicos, equipos biomédicos y dispositivos invitro (como las pruebas para detectar covid-19), en alianza con empresas y organizaciones privadas.

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“Hemos iniciado [la creación de dispositivos médicos] por la necesidad de la pandemia y hemos venido trabajando ahora en desarrollos que ese están implementando en el contexto real”, cuenta a Forbes la colombiana Sandra Pérez (35), jefa del laboratorio de metrología y validación de equipos médicos del área de dispositivos médicos de la PUCP. Pérez lidera el laboratorio junto a la peruana Fanny Casado (42), jefa de evaluación biológica y dispositivos médicos de la misma casa de estudios de la misma área.

En efecto, las dos ingenieras biomédicas y profesoras de la PUCP formaron parte de los equipos que desarrollaron los sonados ventiladores mecánicos MASI y concentradores de oxígeno COVOX de código abierto durante la pandemia. Esa experiencia y el legado de los aparatos para su fabricación –muchos de ellos adquiridos a través de donaciones durante la pandemia– serán utilizados para poner en marcha el laboratorio, cuya implementación supuso una inversión de S/ 5,8 millones (unos US$ 1,5 millones). De ese monto, S/ 4 millones (alrededor de US$ 1 millón) fueron aportados por el Instituto Tecnológico de la Producción y S/ 1,8 millones (alrededor de US$ 500.000) por la PUCP.

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Fanny Casado, jefa de evaluación biológica y dispositivos médicos de la PUCP. En el centro, a Casado le gustaría explorar el potencial farmacológico de la biodiversidad peruana. Foto: Karen Candiotti / Forbes Staff.

Potencial de mercado

A la fecha, el laboratorio tiene convenios con 51 empresas que buscan incrementar su competitividad y está trabajando en un proyecto internacional con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). La cifra resalta en el contexto local: en Perú existen siete empresas dedicadas a la fabricación de dispositivos, en particular de suturas y gasas, según ComSalud.

Oriunda de Iquitos, Casado cuenta a Forbes que su equipo ha trabajado con una empresa fabricante de hilos quirúrgicos para ayudarle a automatizar sus procesos y asegurar los requisitos de calidad que exigen los mercados internacionales a los que desean expandirse.

Sandra Pérez quiere que el laboratorio se convierta en un centro de referencia para la validación de la tecnología médica en uso en el país. Foto: Karen Candiotti / Forbes Staff

“El laboratorio es el resultado del trabajo que venimos realizando en dos años y medio”, enfatiza a su turno Pérez. La ingeniera biomédica anota que el nuevo centro servirá como espacio exclusivo para la fabricación de los dispositivos.

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Actualmente, entre los proyectos que las científicas pueden revelar (la mayoría son desarrollados bajo criterios de confidencialidad) resalta la fabricación de constructos vasculares, que sirven para reemplazar los vasos sanguíneos. “Esto es un proyecto a largo plazo. Pero de todas maneras tenemos proyectos de corto y mediano plazo. La razón por la cual lo estamos desarrollando es porque estos ambientes (el laboratorio) nos permiten trabajar de manera más controlada”, explica.

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En total, las importaciones y exportaciones globales alcanzaron un valor de US$ 2.343 billones en 2020, lo que supuso un aumento de 20% en comparación, según la Organización Mundial del Comercio. Al mismo tiempo, el valor total del comercio internacional de mercancías se contrajo 7,6% en 2020.

El laboratorio también está desarrollando un módulo de alto flujo para los ventiladores MASI, una unidad de atención respiratoria con ventilación y oxigenación independiente de una fuente de oxígeno medicinal (ideal para zonas aisladas) y una plataforma de telemonitoreo y telegestión para los ventiladores.

Pérez añade que en el laboratorio también se podrá medir la calidad de los equipos comerciales con tiempo de uso. Esta última última es la especialidad de la doctora, quien ha trabajando en dicho campo a nivel académico y en el sector privado por 10 años. “Es algo que paralelamente estamos trabajando: asegurar la calidad de los dispositivos médicos que ya existen en el sistema de salud. Es [un tema] que no está regulado en el país y no se está haciendo”, asegura Pérez.

Otra característica relevante del laboratorio será su capacidad de acompañamiento para el acceso a los permisos de fabricación, uso y comercialización. De hecho, consultado para este artículo, Sandro Stapleton, presidente de ComSalud, comentó que la creación del laboratorio podría promover la revisión de la regulación asociada a la obtención de licencias, pues, a su juicio, existe una rigidez normativa que juega en contra de la agilidad en la innovación en el sector en Perú.

Fanny Casado y Sandra Pérez. Foto: Forbes Staff

Mujeres STEM

En un campo donde apenas el 30% de los profesionales es mujer, la pregunta surge casi naturalmente. ¿Cómo decidieron estas dos mujeres dedicarse a la ciencia? En eso también coinciden las ingenieras. Desde niñas, tanto a Casado como Pérez le gustaba estudiar y de grandes se imaginaban “siendo estudiantes”. Desde muy jóvenes sabían que querían ser mujeres del área STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés).

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“En mi caso, la sociedad nunca me hubiera llevado por estos caminos. Pero Iquitos es una ciudad bastante cosmopolita e internacional. Tuve acceso desde chiquita a personas que dejaban revistas científicas y de tecnología. A Iquitos venían médicos a hacer investigaciones sobre enfermedades infecciosas o temas relacionados con la biodiversidad. Siento que he sido una privilegiada en ese sentido. La pequeña chispita que encontré por ahí para entender que mi interés iba hacia la ciencia y la tecnología se dio desde [que era] bastante pequeña”, cuenta Casado.

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Pérez se inspiró en las televisión. No es chiste. “Desde que era pequeña le decía a mi mamá que yo quería estudiar un doctorado. Probablemente, cuando tenía siete años, no sabía qué era un doctorado, pero lo veía en la televisión. Finalmente lo logré”, relata con gracia la joven ingeniera y precisa que los programas a los que hace referencia eran telenovelas. En efecto, Pérez reconoce que pudo estudiar lo que quería en una universidad pública en Colombia dos años después de que la carrera fue creada. “Cuando era joven, no era que los hiciera (a los dispositivos médicos). Pero sí leía y buscaba información. Tuve acceso a la información, gracias a que mi mamá se preocupaba mucho por la educación de mi hermana y la mía”, comenta. “Ese gusto se juntó con el apoyo de mi familia y, de allí en adelante, pude seguir estudiando todo lo que quise”, añade.

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