La fundadora de la marca Ukaw tiene como meta educar al mundo sobre los beneficios del cacao y los insumos amazónicos, como el camu camu o el aguaje, con los que experimenta en sus bombones, barras de chocolate, y carta entera de su restaurante en Barranco. Tras ser reconocidos en competencias internacionales, el plan de expansión de su empresa incluye iniciar operaciones en Orlando este año y abrir una tienda en Barcelona el próximo año. También proyecta seguir exportando sus productos a países como Canadá y Francia, y colaborar de manera sostenible con las cadenas de valor locales.
El cacao siempre ha estado presente en la vida de Gianina Flores, fundadora de Ukaw, empresa que fabrica y comercializa chocolate. A los seis años, aprendió a elaborar artesanalmente chocolate bajo las enseñanzas de su abuela Clarita, en la ciudad de Atalaya, Pucallpa. Y unos años después, en la universidad, su ímpetu por ser chef —tuvo que estudiar Administración por presión familiar— la empujó a vender chocotejas, productos en los que incorporó camu camu y otros insumos de la selva para generar ingresos. La hoy emprendedora vendió chocotejas durante toda su carrera y terminó realizando su proyecto de tesis sobre la producción e industrialización del cacao en las cooperativas. Luego de ello, trabajó por seis años en el proyecto USAID Perú brindando asistencia técnica en campo a las mujeres productoras de chocolate en toda la cadena de valor. Este fue el punto en el que se convenció de una vez por todas de que debía emprender con el cacao.
«Yo recién había terminado la universidad y trabajar ahí me enamoró más [de la idea de emprender con el chocolate]», recuerda la empresaria. De hecho, explica, en el 2010, cuando acababa la universidad, el consumo per cápita era de unos 200 gramos por año. Hoy es de unos 500 gramos. Se trata de una diferencia abismal frente a Europa, en donde el consumo per cápita es de 10 kilos al año.
Todas estas experiencias son las que llevaron a Gianina, en el 2019, a crear su empresa. La compañía, cuya fábrica está conformada solo por mujeres y cuenta con una capacidad de producción de hasta 80.000 barras de chocolate al mes, es hoy una de las firmas que está impulsando la revalorización del cacao y los insumos amazónicos. Ese mismo año lanzó la marca de Ukaw Chocolate, cuyo sello distintivo es el cacao de Ucayali, aunque también incorpora otros productos amazónicos, como aguaje, camu camu, açaí y café.

Actualmente, además de su fábrica (localizada en Pucallpa), la empresa cuenta con cuatro sedes en Perú: dos en Pucallpa, y dos en Lima (una en Surquillo y otra en Barranco). En la sede barranquina, abrieron un restaurante que sorprende a cualquier visitante. La gran mayoría de la carta cuenta con cacao: un lomo saltado con nibs de cacao, un fetuccini de cacao con champiñones, infusiones de cacao y naranja y una hamburguesa en pan brioche de cacao son algunos de sus platos más emblemáticos. En la nave central del restaurante se encuentra el corazón de la propuesta de Ukaw: barras de chocolate que experimentan con sabores como aguaje o maracuyá, y bombones de cacao con sabores como camu camu, ají charapita, o aguaymanto. Además, abrieron hace un par de meses un concepto de chocolatería express en Surquillo en el que se puede ver directamente la preparación de estos bombones y trufas en primera fila.

Pero su extensión supera el terreno nacional. Vienen exportando tabletas a países como Francia, Canadá, y Estados Unidos. Con ello, el emprendimiento ha ganado reconocimiento de entidades como el International Chocolate Awards Americas 2020-21 y el AVPA 2021 en Francia. Justamente, las exportaciones son el principal motor de crecimiento del negocio. Este año, en sus planes está consolidar su ingreso a Barcelona, primero con un almacén, y el próximo año, con una tienda; asimismo, alistan su inicio de operaciones en Orlando (EE.UU.) este año.
“[Mi esposo y yo] estamos haciendo diferentes viajes este año. No es fácil, pero tampoco es imposible. Todo es un proceso”, comenta Flores.
Los obstáculos de emprender
Venir de Ucayali a Lima para emprender —sin contactos, con estereotipos marcados y con voces en su contra— fue desafiante para Gianina. “El desenvolvimiento de la mujer amazónica, personalmente para mí ha sido un gran reto emocional de autocrecimiento, autodescubrimiento y también [un desafío] espiritual. No es fácil abrir [una tienda] en la capital (…) con sesgos sobre la Amazonía peruana. Llegar a una ciudad grande y querer entrar a mercados internacionales cuando has estudiado en una universidad donde no has tenido networking. No me quejo. A mí me encanta contar esta parte [de mi historia] porque siento y sé que sí se puede. Nunca he visto límites, pero sí he escuchado de otras mujeres [que han sido víctima de] muchos prejuicios”, reconoce la emprendedora.
Por ejemplo, recuerda que, cuando iniciaba con la idea de exportar sus chocolates, el entorno empresarial le insistía en que no conocía suficientemente cómo funcionaban las exportaciones, por lo que “necesitaba un broker (intermediario)”. Otros, insistían en que debía ser una ingeniera de alimentos para preparar sus chocolates. Sin embargo, la ucayalina enfrentó estos comentarios enfocándose en su pasión por el chocolate y su meta final.
“Yo amo demasiado hacer chocolate. Para mí es como ir a las clases de yoga. Entonces, yo creo que es muy importante para una mujer que quiere sobresalir, ya sea que haya nacido en la capital o la selva peruana o sea una mujer de una comunidad nativa, tener la visión clara de dónde quiere estar, concentrarse, y enfocarse en su pasión… y alimentarlo, porque no es que el conocimiento llega de la noche a la mañana. Hay que alimentar ese conocimiento. El conocimiento de una mujer es poder. Porque tú con el conocimiento sabes que lo que dicen esas vocecitas no es verdad, sino que son sesgos sociales que nos impiden crecer mentalmente”, comenta.

En esa línea, otro de sus desafíos como emprendedora ha sido ser madre mientras sigue velando por el crecimiento de su apasionado negocio. Gianina siempre supo que quería una familia. De hecho, asegura fue esto lo que la hizo saber desde muy pequeña que sería una mujer independiente. Sus padres se iban al río a trabajar y un día —para su cumpleaños número 9— le pidió a su mamá que se quede con ella. Pero su madre le dijo que debía trabajar, pues las mujeres no tienen consideraciones especiales por ser madre. Eso la marcó y la hizo perseguir el sueño de hacer empresa y tener a sus hijos en el camino.
“Este rol de ser madre, empresaria, tener una fábrica en la selva y vivir en la ciudad es muy complicado. Pero tengo personas (aliados). Yo creo que para una mujer es muy importante tener socios estratégicos. Y la primera socia estratégica para mí es mi niñera. Con ella viajo a todos lados. Es una señora que trabaja conmigo muchos años y nos vamos a una feria internacional. Yo me prometí nunca dejarlos (a mis hijos). La verdad es que siempre andamos con ellos. Venimos a la selva un mes, nos vamos a Lima un mes y todo el año estamos así. Nos preguntan, ‘¿Cómo haces con el colegio?’ Hacen homeschooled en casa y, cuando estamos en Lima, los mandamos regularmente al colegio”, explica.

La mujer en el cacao
A decir de Gianina, el rol de la mujer en la industria del cacao se ha desarrollado de manera relevante. La fundadora de Ukaw, que personalmente he trabajado en implementaciones en la Amazonía peruana, antes se veía a mujeres en la calle lavando o cuidando a los hijos, mientras que hoy ya tienen algunas su fábrica de chocolate.
De hecho, recuerda que hace varios años, fue a enseñar a hacer chocolate a una comunidad nativa, específicamente a un grupo de mujeres, con la intención de comprarles luego el producto. “Quería ingresar porque, siempre que se trabaja con cacao, tengo que tener un acercamiento personal para tener una sostenibilidad en la compra también”, comenta. Justamente, una de las mujeres a la que estaba capacitando le replicó que no podían enseñarle a preparar chocolate, porque sus esposos no le iban a dar permiso. Entonces, fue a pedirle permiso uno a uno a los maridos de las mujeres. Eran cuatro mujeres que querían aprender, pero no tenían tiempo. Uno de los señores le dijo, «¿Y qué van a aprender? ¿Para qué? No, no hay tiempo. ¿Y cuánto va a costar?” Y ella le dijo “No va a costar nada, pero te aseguro que si tu esposa aprende chocolate te va a ayudar en la casa, te va a ayudar en la economía de la casa, te va a ayudar a vender chocolates. Va a producir chocolates, los va a vender y van a generar más ingresos y, además, tienes cacao para venderlo en la cooperativa”, recuerda. Al final, asegura, logró convencerlo.
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La realidad es que casi todo el cacao en la Amazonía se exporta y no se revalora. “Esos niños que son hijos o hijas de cacaoteros nunca han comido un chocolate. Nunca han probado un chocolate. Y tienen áreas de cacao enormes. Entonces, eso también fue algo que me impulsó. Poder enseñarles, y que ellos puedan entender y valorar la importancia de tener un buen grano para la producción de chocolate, la importancia de generar ingresos y que la mujer tenga que generar sus propios ingresos siempre”, comenta.
Ese hambre por educar también lo traslada al consumidor, ya sea en ferias internacionales como en sus locales en el Perú. “La visión que tengo con la empresa es que la persona tenga educación de consumo. Creo que eso es la mejor manera de fidelizar a un cliente”, indica. Así, uno de sus sueños de la empresaria es tener una tienda de experiencia en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. Con ello espera contar la historia del cacao y los insumos amazónicos a más consumidores.
