Anita Figueiredo, especialista en marketing, comparte diez criterios para evaluar propuestas y trabajar con consultores de estrategia.

La consultoría estratégica puede ser una palanca real para el negocio o un costo que no tenga nada de impacto. La diferencia no está necesariamente garantizada por quién viene de afuera, sino que, muchas veces, el éxito está en entender cómo se define el problema, qué decisiones están sobre la mesa y qué condiciones existen para que el trabajo, finalmente, se adopte.

A continuación, te dejo diez principios prácticos para contratar consultoría de forma madura.

1) La estrategia no se terceriza

Si el liderazgo de la compañía  busca que alguien piense por la organización, el proyecto empieza torcido. El valor externo está en mejorar la calidad del pensamiento interno: ordenar, tensionar supuestos, abrir alternativas, traer evidencia, acelerar decisiones. Pero la decisión (y su costo político) sigue siendo del management.

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2) Comprá asimetrías, no promesas

Tiene sentido contratar cuando hay una brecha que el equipo no puede cerrar sin pagar un costo alto:

  • falta de perspectiva (sesgos, política interna, ceguera del día a día),
  • falta de capacidades (skills que no conviene tener in-house todo el año),
  • falta de tiempo (la operación se come la reflexión),
  • alto costo de equivocarse (margen, reputación, años de ejecución).

Si no hay asimetría real, la consultoría aporta poco valor.

3) Sin diagnóstico, lo que sigue es una apuesta

La presión por “pasar a la solución” es el error más común. Muchas compañías compran directamente el resultado: Un rebranding, un CRM, una campaña de performance o, incluso, un “plan de crecimiento” sin haber entendido y acordado antes qué está fallando y por qué. Un diagnóstico serio no es un trámite: es el momento dónde se define qué es síntoma, qué es causa y qué variables importan.

4) Un buen proyecto empieza por preguntas incómodas

La calidad del trabajo se ve temprano, en el tipo de preguntas:

  • ¿Qué decisión no están pudiendo tomar y qué la bloquea?
  • ¿Qué sería distinto si el proyecto fuera exitoso?
  • ¿Qué evidencia contradice las narrativas  favoritas de la organización?
  • ¿Qué trade-offs están evitando nombrar?

Si el consultor llega con respuestas cerradas antes de escuchar, es una mala señal.

5) Desconfiá de las recetas universales

“Esto funciona para cualquier empresa” suele ser una forma amable de decir “no entendí tu contexto”. La estrategia depende de restricciones reales: cultura, estructura, incentivos, mercado, timing, tolerancia al riesgo. Si el método no se adapta, el resultado siempre será genérico. Y si sirve para todos, no es una buena estrategia.

6) Cultura no es “soft”: es el sistema de decisión

En las transformaciones, la cultura define qué conversaciones se pueden tener y cuáles se castigan. Por eso, un plan impecable puede fallar por razones previsibles: incentivos que contradicen el rumbo, jefaturas que pierden poder, equipos saturados, métricas que premian lo viejo. Si el proyecto ignora esto, estás comprando una ilusión.

7) Profesionalizar no es burocratizar

Cuando el crecimiento depende de actos heroicos, aparece el techo: inconsistencias, retrabajo, cuellos de botella, desgaste. Profesionalizar es instalar:

  • criterios compartidos,
  • métricas que todos podamos acompañar,
  • procesos replicables,
  • responsabilidades que estén explícitas.

La pregunta clave no es “qué ideas dejó” sino qué queda funcionando a los 90 días: gobernanza, cadencia y  rituales de decisión.

8) Entregables no son adopción

Un documento bien diseñado es útil solamente si habilita decisiones y coordinación. Pero un entregable también puede ser una salida política: “tenemos algo para mostrar”, aunque nada cambie. Por eso, pedí que el proyecto incluya:

  • decisiones concretas a tomar (con fechas y responsables),
  • mecanismos de seguimiento,
  • herramientas para operar sin el consultor.

9) Elegí por capacidad de trabajar con tu equipo, no solo por reputación

La reputación de la consultora no garantiza impacto.  Evaluá:

  • claridad para explicar y enseñar (transferencia de criterio),
  • capacidad de facilitar desacuerdos productivos,
  • habilidad para identificar bloqueos políticos sin teatralizarlos,
  • disciplina para convertir hallazgos en decisiones.

10) Definí el éxito en términos verificables

Antes de contratar, acordá cómo se va a medir el valor del proyecto. 

Si el éxito no se puede verificar, el proyecto queda en terreno opinable.

La consultoría más valiosa  es la que mejora la capacidad de una organización para decidir y ejecutar con menos fricción. Eso exige liderazgo presente, problemas bien definidos y diseño de adopción. Si esas tres cosas están, la inversión suele tener retorno. Si no, lo más probable es que compres tranquilidad por un rato, pero la transformación no va a ocurrir.

Sobre la autora:

Anita Figueiredo es especialista en marketing. Es fundadora y socia gerente de la consultora argentina Proteína. También es profesora de la Universidad Torcuato Di Tella.

Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.