La productividad ya no puede medirse por las horas trabajadas ni por la disponibilidad permanente. En un entorno marcado por la sobrecarga de información y la irrupción de la inteligencia artificial, las empresas deben replantear cómo utilizan el tiempo, organizan el trabajo y generan valor, afirma Walter Hernández, CEO de Adecco Perú.
Durante décadas asociamos productividad con una ecuación aparentemente sencilla: más horas de trabajo equivalían a más resultados. Llegar antes, salir después y mantener la agenda llena eran señales visibles de compromiso.
Hoy deberíamos preguntarnos si esa lógica sigue teniendo sentido.
La productividad no consiste en acumular horas, sino en generar más valor con los recursos disponibles. De hecho, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) mide la productividad laboral utilizando indicadores como el PBI generado por persona empleada o por hora trabajada.
La diferencia parece semántica, pero para las empresas es enorme, porque uno de los grandes problemas de nuestro tiempo no es necesariamente cuánto trabajamos, sino cómo estamos utilizando nuestro tiempo.
Un reciente estudio de Microsoft ofrece una fotografía interesante. Su investigación sobre la denominada “jornada laboral infinita”, basada en señales agregadas y anonimizadas de Microsoft 365, muestra que el trabajador promedio recibe 117 correos electrónicos y 153 mensajes de Teams por día laborable. Además, entre quienes están conectados a las seis de la mañana, un 40% ya está revisando su correo.
Es una paradoja muy actual: estamos permanentemente ocupados, pero estar ocupados no necesariamente significa ser productivos.
Mensajes, notificaciones, reuniones, correos y tareas administrativas fragmentan nuestra atención. Y cuando la jornada se convierte en una carrera por responder a todo, queda menos espacio para aquello que realmente genera valor: pensar, resolver problemas, innovar, conversar con un cliente o tomar una buena decisión.
Por eso creo que necesitamos empezar a hablar de productividad humana.; una productividad que no mida únicamente cuánto hacemos, sino qué valor somos capaces de generar, que entienda que descansar, concentrarse, aprender y utilizar inteligentemente la tecnología no son actividades opuestas al rendimiento, sino condiciones para lograrlo.
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Esto resulta especialmente relevante con la irrupción de la inteligencia artificial. La gran oportunidad de la IA no debería ser conseguir que las personas hagan todavía más cosas en el mismo tiempo. Si simplemente utilizamos tecnología para acelerar agendas ya saturadas, estaremos digitalizando un problema que ya existía. Microsoft advierte precisamente del riesgo de utilizar la IA para “acelerar un sistema roto” y plantea la necesidad de repensar también el ritmo de trabajo.
El verdadero salto está en utilizar la tecnología para liberar capacidad humana.; automatizar tareas repetitivas, sintetizar información, reducir trabajo administrativo, ayudar a tomar mejores decisiones y devolver a las personas tiempo para aquello en lo que siguen siendo especialmente valiosas: creatividad, criterio, empatía, colaboración y capacidad para resolver situaciones complejas. Este es el real desafío para los líderes.
Quizás debamos dejar de premiar tanto la disponibilidad y empezar a reconocer más el impacto. Dejar de preguntar cuántas horas estuvo alguien conectado para preguntarnos qué resultado consiguió. Revisar cuántas reuniones realmente necesitamos, qué tareas podríamos eliminar y qué decisiones podemos simplificar.
Para nuestros clientes, esta conversación debería ser estratégica. La productividad no es únicamente un desafío de personas o de Recursos Humanos. Es un desafío de diseño organizacional y competitividad.
Las empresas que lo entiendan tendrán una ventaja: equipos capaces de dedicar menos energía al ruido y más al trabajo que verdaderamente mueve el negocio.
Quizá el gran desafío de esta nueva era no sea aprender a hacer más, sino. aprender a hacer mejor.
Sobre el autor
Walter Hernández es CEO de Adecco Perú.
Las opiniones expresadas son solo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Perú.
