El movimiento empresarial alcanzó este año las 100 empresas certificadas en el país, que ha sido uno de los de mayor crecimiento de la región en los últimos años.

Tras acabar la universidad, Mariale Soto empezó su carrera laboral en Sustainable Harvest Coffee Importers, donde tuvo la oportunidad de hacer un estudio sobre los costos de producción cafetalera, en San Ignacio, en la región Cajamarca. Parte de su trabajo era calcular el valor de producir el café en esa zona, pero también incorporar factores no tradicionales en la estructura de costos como dónde vivía, compraba y consumía el agricultor y cuánto debía pagarse a este para que tuviera una vida digna. 

Ver más allá de las metodologías que había aprendido en las aulas, y adentrarse en el impacto del negocio llevó a la actual directora ejecutiva de Sistema B en Perú a decantar su carrera profesional hacia la sostenibilidad. Y además, ‘casualmente’ en una de las primeras empresas que se sumaron al movimiento B en Portland en Estados Unidos. “En ese momento no había nada de Sistema B en Perú. Recuerdo que entré en su web y cuando vi sus estándares como que todo hizo clic”, cuenta la ejecutiva, quien se incorporó a la organización en 2018 y en 2021 asumió su liderazgo.

Este año, el movimiento B cumplió 10 años y su contexto es muy diferente al que se encontró Mariale Soto cuando se sumó a sus filas. En ese entonces, esta organización que evalúa y certifica a compañías que generan valor económico, social y ambiental de forma simultánea todavía se asociaba a las empresas B con los emprendimientos de impacto social y las primeras grandes empresas empezaban a incorporarse a la organización. “Empezamos a desencajar esa visión de que era solo cosa de emprendimientos sociales, con fundadores que van en polo y zapatillas. La primera gran compañía que se certificó en el país fue la Universidad Continental y luego vino Textil del Valle”, explica Soto sobre sus inicios.

Hoy, sin embargo, existen 100 empresas B en el Perú -algunas de las cuales listan en bolsa- y su directora ejecutiva asegura que el país es uno de los que más crece en compañías certificadas de América Latina. Para obtener este ‘sello’ las empresas deben comprometerse a tomar en cuenta los intereses de los trabajadores, la comunidad y el planeta además de sus accionistas y cumplir con alrededor de 40 requisitos relacionados con sus impactos y gobernanza. “Casi el 40% de nuestras empresas vienen de los dos últimos años y medio. Ha habido mucho crecimiento en los últimos años”, revela la ejecutiva a Forbes Perú. 

Para Soto, no ha habido un punto de quiebre que haya impulsado de la noche a la mañana que más empresas opten por certificarse. Asegura que ha sido un proceso arduo y gradual y que el avance reciente se ha dado especialmente en algunos sectores, como el de servicios y particularmente turismo, cuyos clientes valoran el “sello B”. 

En el crecimiento también ha sido clave empezar hablar de resultados de negocio con los líderes peruanos, algo que buscan potenciar durante los próximos años con data que los evidencie. De hecho, en el marco de su décimo aniversario, Sistema B en Perú lanzó su primer estudio sobre el impacto de su certificación en la gestión y resultados de negocio que llevó a cabo la Universidad Continental. 

Según este, el uso principal de esta certificación entre las grandes empresas es como credencial ante mercados que la recogen, y para las pequeñas y medianas la contribución está en la gestión y mejora continua. Nueve de cada 10 empresas, asimismo, afirman que la certificación les trajo mejoras en algún aspecto de su negocio: de tipo reputacional, comercial, económico, de acceso a capital o de atracción de talento. Aunque el impacto en el capital humano es uno de los mayores revelados por el estudio, pues ocho de cada 10 empresas reportó una mejora en su clima laboral tras sumarse al movimiento. Por otro lado, el 21% de las empresas reconoció una influencia moderada o alta de la certificación en la evolución de sus ingresos. 

“Hay empresas de ciertas industrias, como en el sector turismo, que sí nos dicen que sus ventas aumentaron por ser empresas B, pero hay otras que nos aseguran que todavía no pueden llegar a hacer esa declaración”, comenta Mariale Soto.

La directora ejecutiva de la organización sin fines de lucro explica que en un escenario en el consumidor peruano todavía no escoge en góndola sus productos por las certificaciones, atraer al sistema a las empresas de consumo masivo es uno de sus desafíos. “Hay cosas que están empezando a cambiar. La Fidelia y +Nutri Co se certificaron”, matiza y añade que otro de sus retos es unir el formar parte del movimiento al mejor acceso a financiamiento. 

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Asegura también ver a nivel local a más empresarios peruanos que están dejando atrás esa visión más individualista del negocio para ver con mucha claridad que deben involucrarse para crear el país que quieren. “En los liderazgos está empezando a haber ese tipo de cambios de mentalidad y tenemos que hacer que sigan bajando hacia la empresa, la gente que trabaja en esta y los consumidores”, dice. 

Para Mariale Soto se ha despertado una chispa a nivel local y el impulso empresarial hacia negocios sin propósito es imparable.