La empresa social Sinba se ha propuesto crear cuatro nuevas plantas de reciclaje al 2030 en el interior del país. La gestión de residuos para otras compañías se ha convertido en su principal fuente de ingresos.

El camino empresarial de Sinba, según su fundador, Pipo Reiser, ha sido más una montaña rusa que una línea exponencial. Y es que la compañía de reciclaje se propuso en 2017 hacer algo sobre lo que existía poca experiencia a nivel local: plantear soluciones desde el mundo empresarial para mejorar la gestión de residuos formal en el Perú, convirtiéndolos en materia prima y haciendo posible que se complete la economía circular. “Innovar con impacto en el país definitivamente no es fácil. Nuestro sector es bastante nuevo y hemos tomado un approach muy de prueba y error”, dice el gerente general de la compañía.

Reiser, quien estudió Negocios Internacionales en Estados Unidos, conoció con más detalle la realidad del desperdicio de residuos en el país mientras cursaba un programa de liderazgo frente al cambio climático. Junto a sus socios Andrea Rivera y Juan Alberto Wu, decidió asumir el propósito de intentar solucionar la problemática local. Él y Andrea tenían varias ideas para desarrollar proyectos y, al conocer a ‘Chacho’ Wu, empresario en diversos negocios gastronómicos, vieron que detrás del exitoso negocio de la comida local había una ‘dura realidad’, en la que los residuos muchas veces se gestionaban de manera informal y acababan en criaderos de cerdos sin ningún tipo de fiscalización. “Cuando vimos la realidad, pensamos: ‘Alguien debería hacer algo al respecto’. Ahí los tres nos dimos cuenta de que podíamos ser actores de cambio”, relata el empresario.
La compañía partió en 2017, un año después de ser seleccionada por el programa de capital semilla estatal Startup Perú, con su primer servicio de “Gastronomía sin basura”, centrándose en la gestión de residuos orgánicos de restaurantes, hoteles y colegios que conseguían a través de recicladores de base para convertirlos en subproductos en su propia biofábrica.

La pandemia, sin embargo, los obligó a dar importantes giros estratégicos y a evolucionar hacia su actual modelo, que hoy se centra en la gestión de residuos de empresas, la compraventa de materiales y las consultorías. “Nuestros clientes, durante la pandemia, fueron los que más tiempo estuvieron cerrados y nos fuimos a cero. Sobrevivimos gracias a que justo antes habíamos cerrado nuestra primera ronda de levantamiento de capital. El contexto, sin embargo, nos abrió las puertas al mundo industrial, que es enorme y fue de los primeros en reactivarse”, cuenta el empresario.

En un inicio, la compañía empezó a gestionar los residuos de las empresas industriales y donarlos a recicladores, pero en 2022 logró capital para construir su propia planta de recuperación de materiales reciclables, lo que le permitió completar el círculo y vender materia prima —como plástico o cartón— a las compañías. Esta instalación, que llamaron Centro Inclusivo de Recuperación Circular (CIRC), recicla no solo materiales que provienen de su propio servicio de gestión de residuos, sino también plásticos y otros productos que compran a recicladores, personas que los recolectan y suelen venderlos a intermediarios, a través de comercio justo.

“El 60% de nuestros ingresos viene de servicios de gestión de residuos que damos a empresas, que normalmente pagan una tarifa mensual”, cuenta Reiser. Un 30% de la facturación de Sinba, que en 2025 creció un 14% frente al año anterior y alcanzó los S/ 5,9 millones (US$ 1,75 millones), procede de la compraventa de materiales —cartón, plásticos y vidrio— y un 10% de las consultorías. Este año, según el empresario, lograrán por primera vez margen de rentabilidad, que —asegura— irá en aumento los próximos años. Su equipo, asimismo, está formado por 85 personas.

La propuesta de valor de Sinba en el mercado de business to business local tiene como uno de los puntos fuertes el proveer una gestión integral del residuo y una trazabilidad completa de principio a fin, según Pipo Reiser. El empresario cuenta que en el país los servicios de diagnóstico del sistema de gestión de residuos, de recogida de materiales y reciclaje suelen estar segmentados en diferentes compañías. “Lo que hacemos es integrar todas esas partes. Eso implica que somos una empresa logística, de procesamiento, de consultoría y educación. Es nuestro mayor diferencial y el dolor que resolvemos a los clientes”, recalca.

“La magia de la gestión de los residuos” de la empresa se da en lo que Reiser llama “Nodo Sinba”, situado en Villa El Salvador, en el sur de Lima. Se trata de la suma del CIRC y la biofábrica en la que procesan los residuos orgánicos para transformarlos en alimento para animales y compost para el agro. “Lo llamamos nodo porque a este llegan materiales de un montón de sitios —tanto de nuestros servicios como de los recicladores— y salen recursos a diferentes lugares”, explica.

La empresa provee servicios en Lima, pero desde este año también lo hace en Arequipa, donde planean construir un nuevo nodo. De hecho, Sinba está levantando financiamiento para ello y el objetivo es replicar el modelo que tienen en la capital también en Piura, Cusco, Trujillo y Chiclayo. “La meta era tener 10 plantas para el 2030, pero estamos atrasados. Ahora hemos sincerado la meta a cinco plantas [para ese año]”, cuenta Pipo Reiser. El empresario explica que para expandir sus nodos se debe dar la demanda por parte de los compradores de materiales reciclados, que hoy están principalmente en la capital. “Una de las grandes barreras al surgimiento de la economía circular en regiones es que los que compran están en Lima. Llevar los materiales del interior a la capital supone agregarle un costo y las industrias son negocios de centavos”, reconoce.

“Uno de los desafíos de Sinba está en la escala logística y la densidad del acopio. Aprovechar residuos orgánicos e inorgánicos requiere que tengan sistemas de recolección segregada altamente eficientes. Sin embargo, la falta de infraestructura pública limpia y la atomización de los generadores eleva sustancialmente su costo logístico unitario”, dice al respecto Alberto Huiman, especialista ambiental peruano y docente de ESAN.

Otro factor imprevisto ralentizó los planes de expansión de Sinba más allá de Lima y estuvo relacionado con la nueva gestión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La empresa había sido seleccionada en una convocatoria de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) para recibir financiamiento no reembolsable y estructurar el proyecto de construcción de cuatro nodos, pero en marzo del 2025 el Gobierno estadounidense suspendió buena parte de los proyectos de esta entidad, que acabó desapareciendo meses después. “Estábamos con el 90% del contrato listo para firmar y ya sabemos lo que pasó. Lo bueno dentro de lo malo es que eso nos obligó a construir una nueva ruta de crecimiento y darnos tiempo de hacer una planificación estratégica”, confiesa Pipo Reiser.

La creación de un sistema

En el Perú, según el Ministerio del Ambiente, solo se reciclan el 2,7% de los residuos sólidos que se generan, que ascienden a alrededor de 9 millones de toneladas al año. En la última década, según Omar Cárdenas, presidente de la Comisión de Sostenibilidad de la Cámara de Comercio de Lima, el porcentaje era del 1,9% y en los últimos años el país ha estado prácticamente estancado en este punto. Ello se da, además, en un escenario en el que las municipalidades no tienen herramientas para gestionar residuos y la basura termina en botaderos informales, dice el experto.

En el ámbito empresarial formal, sin embargo, Cárdenas asegura que las grandes empresas se están viendo cada vez más motivadas a gestionar adecuadamente sus residuos. Ello se da, afirma, debido a que la normativa local —con un esquema de responsabilidad extendida del productor— obliga a las compañías de consumo masivo a demostrar qué están haciendo con los residuos que se generan con sus productos. También porque no tener un registro claro de cómo se generan, transportan y disponen los residuos representa cada vez más un riesgo de imagen frente a clientes y socios.

“El escenario está cambiando, sobre todo con las empresas más grandes”, coincide Pipo Reiser. Más allá de la trazabilidad y la gestión del residuo, uno de los grandes puntos de dolor de la empresa y que complica el cierre del círculo de producción local está relacionado con la generación de la demanda por los materiales. Y es que el ritmo de generación de residuos puede ser alto —recuperan hoy 100 toneladas de cartón al mes— pero la demanda por estos no siempre tiene la misma velocidad. “La demanda de las empresas que compran todo el material recuperado es volátil. Es un mercado de commodities”, dice el empresario, cuyo plástico compite con el virgen obtenido del petróleo, y que resulta muy asequible para las industrias. “Competir en el mercado de gestión de residuos implica enfrentarse a circuitos informales que abaratan artificialmente los costos de recolección y disposición sin cumplir estándares de bioseguridad ni obligaciones tributarias y laborales”, añade Alberto Huiman.

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Una de las prioridades para aumentar las empresas que gestionan adecuadamente sus residuos es llevar la circularidad a las decisiones de negocio: al diseño de productos y procesos, las compras, la selección de materiales, la relación con proveedores, la logística y los modelos de recuperación, según Melissa Becerra, gerente de Proyectos de Perú Sostenible. “El siguiente salto que necesita el país es pasar de gestionar residuos a gestionar el valor de los materiales”, añade la ejecutiva. Perú Sostenible, desde Empresa con Gestión Sostenible, evalúa y certifica, justamente, la sostenibilidad de las empresas en el país. De acuerdo con esta asociación civil sin fines de lucro, han observado una tendencia al alza en la cantidad de residuos reciclados entre las organizaciones que evalúan.
Pipo Reiser asegura que Sinba tiene un doble rol: funcionar, ser rentable y crecer, por un lado, y demostrar a los distintos actores del sistema qué cosas funcionan y qué no, por otro. Detalla que de forma constante él y su equipo participan en iniciativas de políticas públicas y buscan que se construya un escenario que permita que haya más negocios como el suyo.

Promover el reciclaje formal a nivel local, para los expertos consultados, pasa por múltiples actores y frentes. Entre ellos, para Omar Cárdenas de la CCL, fortalecer a las municipalidades, brindándoles asistencia técnica y financiamiento, lo que acelera la formalización de los recicladores y exigir metas más claras y verificables de responsabilidad del productor. “Necesitaríamos más de 2.000 ‘Sinbas’ para resolver el problema del país. […] Debemos generar un sistema de reciclaje, que hoy está desintegrado”, dice Pipo Reiser.

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